Cada nuevo amanecer me sorprende una nueva cosa de ti, la suerte que tengo en la vida es haberte encontrando en la travesía de mi vida, haberme topado contigo y disfrutar de tu compañía. Mi sueño es caminar contigo de la mano mientras no te moleste, no te incomode o simplemente no sea capaz de continuar tu marcha. Esto último, el cuerpo, el corazón y el alma me piden que sea lo más tarde posible, el sentido común me empuja a alentar en ti el deseo de la fuga, de la libertad ganada a pulso, de la búsqueda de tu verdad...
De momento, mientras no llega ese día, me conformo con poder contemplar contigo como la imperfección del mundo que nos rodea nos atrae precisamente por ello. Cómo la belleza de lo efímero queda muchas veces oculta tras la perenne y aparente fealdad de una rareza natural... Quiero enseñarte mi mundo, ese mundo que he imaginado tantos años, que busco en cada una de mis escapadas.
Si un día, sentada en el alfeizar de la ventana de tu casa, miras el horizonte en una clara noche de estío, quiero que puedas cerrar los ojos y transportarte a ese universo de barrancos, valles, árboles, plantas, torrentes, sueños... que permanezcas allí un buen rato, pues si es cierto que existe otra dimensión u otro lugar donde yo pueda estar, sentiré tu presencia.
En ocasiones, cuando paso más tiempo del preciso sin mirarte a los ojos, me pregunto que pensarás de mí, o si lo harás. No puedo dejar de pensarlo, aunque sea un segundo. No se trata de egoísmo, no quiero que pienses en lo que hago, en cómo estoy, en cómo me encuentro, no, no se trata de eso. Se trata de que no te tengo cerca y te echo mucho de menos. De que te quiero y son muchas las ocasiones en las que las lágrimas inundan mis ojos empeñadas en mostrarme lo que ya sé, que eres mi vida.
Te quiero hija mía.
LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir
jueves, 16 de diciembre de 2010
Por todos los Pedro Cárdenas...
Este pasado domingo día 12 él, en mi humilde opinión, mejor programa de documentales periodísticos, En Portada de TVE, emitió un estremecedor relato de la vida, obra y miseria del periodista vocacional Pedro Cárdenas, salían otros muchos que, cómo él, han sido víctimas por el mero hecho de informar, de contar lo que sucedía.
En la narración de José Antonio Guardiola se ponía el acento sobre la integridad de este periodista de provincias, de un colombiano víctima del país donde le ha tocado vivir, represaliado por defender al que no puede hacerlo sólo. Sin duda su narración, su visionado fue todo un homenaje, pero también una llamada de atención; un nuevo grito reclamando la atención de quienes gobiernan el mundo y sobre la sociedad, por el silenciamiento sistemático que se hace, desde gobiernos corruptos, de periódicos y periodistas en muchos lugares del mundo.
Yo me hago una reflexión incluso más profunda que afecta a buena parte de la profesión de periodista. Si en el código deontológico que les enseñan les dicen que lo primero es comprobar la veracidad de la noticia, además de su utilidad, etc., no denuncian a compañeros suyos, incluso jefes, cuando tienen la certeza de que su compañero, su jefe o su empresa se está vendiendo a una empresa, a una dictadura, a un gobierno... por qué no lo hace.
Cada periodista que es asesinado deja ciegos a muchos ciudadanos, cada periodista de investigación que es perseguido por su propio gobierno deja sin voz a una parte de su nación... Hoy día, la prensa es más poder que muchos de los poderes establecidos.
El problema, es una sola opinión quizá radique en que desde el comienzo de la era de la información, quien tiene esta información tiene el poder. Y la erótica del poder atrae mucho. Han sido periodistas los que han encumbrado presidentes, y lo que los han tumbado...
La pena, es que en medio de la podredumbre que se ha establecido en los bonitos edificios de los grandes grupos editoriales, personajes con opiniones dispares como Pedro Cárdenas están llamados a vivir de las miserias de los sótanos herrumbrosos con el peligro de perecer muertos a bocados por las ratas que de cuando en cuando les envían desde arriba.
En la narración de José Antonio Guardiola se ponía el acento sobre la integridad de este periodista de provincias, de un colombiano víctima del país donde le ha tocado vivir, represaliado por defender al que no puede hacerlo sólo. Sin duda su narración, su visionado fue todo un homenaje, pero también una llamada de atención; un nuevo grito reclamando la atención de quienes gobiernan el mundo y sobre la sociedad, por el silenciamiento sistemático que se hace, desde gobiernos corruptos, de periódicos y periodistas en muchos lugares del mundo.
Yo me hago una reflexión incluso más profunda que afecta a buena parte de la profesión de periodista. Si en el código deontológico que les enseñan les dicen que lo primero es comprobar la veracidad de la noticia, además de su utilidad, etc., no denuncian a compañeros suyos, incluso jefes, cuando tienen la certeza de que su compañero, su jefe o su empresa se está vendiendo a una empresa, a una dictadura, a un gobierno... por qué no lo hace.
Cada periodista que es asesinado deja ciegos a muchos ciudadanos, cada periodista de investigación que es perseguido por su propio gobierno deja sin voz a una parte de su nación... Hoy día, la prensa es más poder que muchos de los poderes establecidos.
El problema, es una sola opinión quizá radique en que desde el comienzo de la era de la información, quien tiene esta información tiene el poder. Y la erótica del poder atrae mucho. Han sido periodistas los que han encumbrado presidentes, y lo que los han tumbado...
La pena, es que en medio de la podredumbre que se ha establecido en los bonitos edificios de los grandes grupos editoriales, personajes con opiniones dispares como Pedro Cárdenas están llamados a vivir de las miserias de los sótanos herrumbrosos con el peligro de perecer muertos a bocados por las ratas que de cuando en cuando les envían desde arriba.
Papa Doc, pobreza, miseria, terremoto... cólera
Hay lugares en el mundo donde a uno le ponen al nacer una marca en la espalda que dice: aquí, aquí me pueden cargar lo que quieran... yo lo soporto.
Uno de esos lugares es Haití, esa porción de tierra que ocupa la mitad devastada de una Isla rica en casi todo. Una isla que es un vergel en una tercera parte un mundo de absoluta desolación en la otra.
Años de sangría de la familia Duvalier, desastres naturales de todo tipo, mala administración de los pocos recursos que les quedaban. Talaron casi el 90% de los árboles que tenían, hacían galletas con un 70% de arcilla... hasta que llegó el terremoto y los dejó totalmente asolados. A los que tenían dinero, salvo que los matase directamente les dio tiempo de salir del país y establecerse en otros lugares, pero a los que se han quedado allí les ha vuelto a tocar la lotería. Ahora se mueren de una enfermedad que jamás habían tenido allí... el Cólera.
Imaginemos por un instante que en el Reino Unido, por decir un país al azar, se produce un desastre natural que precise la intervención de la ONU, y al cabo de un año de estar los Cascos Azules en las Islas comienzan a fallecer los británicos de Malaria... ¡se arma la de Dios es Cristo!
Pero aquello no importa, es Haití, quien se va a preocupar por ellos, ya ha pasado un año. No son, informativamente hablando, tan importantes. Además ya se ocupan de ellos médicos Cubanos...
Curioso, el mundo al revés, Cuba salvando al mundo... bueno a una parte que también es mundo.
Uno de esos lugares es Haití, esa porción de tierra que ocupa la mitad devastada de una Isla rica en casi todo. Una isla que es un vergel en una tercera parte un mundo de absoluta desolación en la otra.
Años de sangría de la familia Duvalier, desastres naturales de todo tipo, mala administración de los pocos recursos que les quedaban. Talaron casi el 90% de los árboles que tenían, hacían galletas con un 70% de arcilla... hasta que llegó el terremoto y los dejó totalmente asolados. A los que tenían dinero, salvo que los matase directamente les dio tiempo de salir del país y establecerse en otros lugares, pero a los que se han quedado allí les ha vuelto a tocar la lotería. Ahora se mueren de una enfermedad que jamás habían tenido allí... el Cólera.
Imaginemos por un instante que en el Reino Unido, por decir un país al azar, se produce un desastre natural que precise la intervención de la ONU, y al cabo de un año de estar los Cascos Azules en las Islas comienzan a fallecer los británicos de Malaria... ¡se arma la de Dios es Cristo!
Pero aquello no importa, es Haití, quien se va a preocupar por ellos, ya ha pasado un año. No son, informativamente hablando, tan importantes. Además ya se ocupan de ellos médicos Cubanos...
Curioso, el mundo al revés, Cuba salvando al mundo... bueno a una parte que también es mundo.
Verdades Reveladas
Durante estas dos semanas que he permanecido más o menos disminuido en mis facultades físicas por diferentes motivos de salud, he estado reflexionando sobre como se mueve el mundo a mí alrededor, cómo la sociedad en la que vivo y aquellas que he podido ver, observar, estudiar o leer...
Todas tienen un patrón de comportamiento similar, todas se creen el eje central sobre el que debe vertebrarse el mundo. Cada una de esas sociedades asume sus Verdades Reveladas como las importantes, las únicas, las que verdaderamente valen. ¿En qué se diferencian entonces? En una única cosa, en cómo entienden y respetan o no, las Verdades de los demás. La diferencia está en la tolerancia. En la capacidad de permitir la coexistencia...
Por Verdades Reveladas entiendo unas cuantas que son comunes: Religión, Forma de Gobierno, respeto o no a los Derechos Humanos, Igualdad...
Cada una de las sociedades, por ejemplo la nuestra, la occidental, cree que lo suyo es lo mejor, que además debemos intentar que los demás vivan como nosotros. Es un debate manido y muchas veces aburrido, pero no debería dejar de obviarse. Seguiremos intentando dar color al mundo según guste a nuestros ojos, sin tener en cuenta si a la sociedad de al lado el sol le llega de cara o de espaldas.
Esas otras sociedades, por lo general reaccionan igual, intentan imponerse sobre la nuestras, nos ven como demasiado subversivos o quizá, demasiado modernos. Cabría preguntarse entonces ¿Cómo encontrar una respuesta?¿Dónde encontrar el punto de equilibro?
Partiendo de que se trata de una quimera, es fácil descubrir que en apenas setenta años hemos pasado de un desconocimiento absoluto de lo que sucedía en tres cuartas partes del mundo, a verlo todo prácticamente en directo. En seis décadas el mundo ha avanzado de manera exponencial. Y no nos hemos dado cuenta de que: si para un español hablar por teléfono móvil era un sueño hace veinte años y ahora hay casi treinta millones de españoles con uno... y a muchos de nuestros padres aun les alucina; imaginemos ahora en medio de África, donde siguen viviendo en 2010 como vivían en 1910, no tienen agua corriente, ni sanitarios, ni sanidad, ni hospitales, pero hablan por teléfono móvil, tienen parabólica, y coches a motor. Obviamente el salto ha sido mucho más salvaje para ellos. Lo que no queremos comprender, aquí, en nuestro bonito mundo, es que ellos quieren todo lo que hay en medio, todo lo que ellos no tienen y nosotros sí: desarrollo sostenido, calles, colegios, policía que les proteja y no de los que tengan que esconderse...
El mundo globalizado en el que vivimos debería servirnos para poder observar a las otras sociedades y dejar que éstas nos observasen; una suerte de cortejo en el que cada uno mostrase sus mejores galas; y finalmente quedarse con lo mejor de cada una, con aquello que pudiese ser llevado de una a otra sin por ello alterar sobremanera el funcionamiento de la sociedad misma.
No se trata de imponer por la fuerza sino de adoptar de buen grado, la diferencia siempre es grande.
Claro que alguien podría decir, por ejemplo en Paris: “Bien Europa puede exportar muchos valores, una forma de vivir en comunidad, la CEE, etc... pero ¿qué me puedo traer yo de la sociedad de los mumhbutu de Guinea, por ejemplo?...
Aparentemente no habría nada en Guinea que nos pudiésemos llevar e Europa... o sí?
Seamos europeos y vayamos a Guinea, intentemos hacer las cosas que hacemos aquí, con los medios que ellos tienen allí. El resultado sería que nos sentiríamos unos inútiles hasta para alimentarnos. De todo el mundo se puede aprender, y todo conocimiento resulta útil en algún momento. Da igual si la proporción es de 1000 a 1, lo que no debemos permitir es que sea de 1 a 0. Y no lo debemos permitir porque todos tenemos nuestras Verdades Reveladas y no es fácil que renunciemos a ellas así, sin más.
Todas tienen un patrón de comportamiento similar, todas se creen el eje central sobre el que debe vertebrarse el mundo. Cada una de esas sociedades asume sus Verdades Reveladas como las importantes, las únicas, las que verdaderamente valen. ¿En qué se diferencian entonces? En una única cosa, en cómo entienden y respetan o no, las Verdades de los demás. La diferencia está en la tolerancia. En la capacidad de permitir la coexistencia...
Por Verdades Reveladas entiendo unas cuantas que son comunes: Religión, Forma de Gobierno, respeto o no a los Derechos Humanos, Igualdad...
Cada una de las sociedades, por ejemplo la nuestra, la occidental, cree que lo suyo es lo mejor, que además debemos intentar que los demás vivan como nosotros. Es un debate manido y muchas veces aburrido, pero no debería dejar de obviarse. Seguiremos intentando dar color al mundo según guste a nuestros ojos, sin tener en cuenta si a la sociedad de al lado el sol le llega de cara o de espaldas.
Esas otras sociedades, por lo general reaccionan igual, intentan imponerse sobre la nuestras, nos ven como demasiado subversivos o quizá, demasiado modernos. Cabría preguntarse entonces ¿Cómo encontrar una respuesta?¿Dónde encontrar el punto de equilibro?
Partiendo de que se trata de una quimera, es fácil descubrir que en apenas setenta años hemos pasado de un desconocimiento absoluto de lo que sucedía en tres cuartas partes del mundo, a verlo todo prácticamente en directo. En seis décadas el mundo ha avanzado de manera exponencial. Y no nos hemos dado cuenta de que: si para un español hablar por teléfono móvil era un sueño hace veinte años y ahora hay casi treinta millones de españoles con uno... y a muchos de nuestros padres aun les alucina; imaginemos ahora en medio de África, donde siguen viviendo en 2010 como vivían en 1910, no tienen agua corriente, ni sanitarios, ni sanidad, ni hospitales, pero hablan por teléfono móvil, tienen parabólica, y coches a motor. Obviamente el salto ha sido mucho más salvaje para ellos. Lo que no queremos comprender, aquí, en nuestro bonito mundo, es que ellos quieren todo lo que hay en medio, todo lo que ellos no tienen y nosotros sí: desarrollo sostenido, calles, colegios, policía que les proteja y no de los que tengan que esconderse...
El mundo globalizado en el que vivimos debería servirnos para poder observar a las otras sociedades y dejar que éstas nos observasen; una suerte de cortejo en el que cada uno mostrase sus mejores galas; y finalmente quedarse con lo mejor de cada una, con aquello que pudiese ser llevado de una a otra sin por ello alterar sobremanera el funcionamiento de la sociedad misma.
No se trata de imponer por la fuerza sino de adoptar de buen grado, la diferencia siempre es grande.
Claro que alguien podría decir, por ejemplo en Paris: “Bien Europa puede exportar muchos valores, una forma de vivir en comunidad, la CEE, etc... pero ¿qué me puedo traer yo de la sociedad de los mumhbutu de Guinea, por ejemplo?...
Aparentemente no habría nada en Guinea que nos pudiésemos llevar e Europa... o sí?
Seamos europeos y vayamos a Guinea, intentemos hacer las cosas que hacemos aquí, con los medios que ellos tienen allí. El resultado sería que nos sentiríamos unos inútiles hasta para alimentarnos. De todo el mundo se puede aprender, y todo conocimiento resulta útil en algún momento. Da igual si la proporción es de 1000 a 1, lo que no debemos permitir es que sea de 1 a 0. Y no lo debemos permitir porque todos tenemos nuestras Verdades Reveladas y no es fácil que renunciemos a ellas así, sin más.
jueves, 2 de diciembre de 2010
LA ANATOMÍA DE MI SILENCIO
Soy una persona habladora, que disfruta de una buena conversación, del diálogo constante que se establece entre personas. Considero la comunicación como el elemento vertebrador de nuestra sociedad, la piedra de clave.
Me gusta escuchar música, siempre con un tono elevado; sin que llegue a molestar pero sí que contenga cualquier sonido aleatorio que perturbe la audición de la melodía que escucho.
No soporto sin embargo los lugares muy concurridos donde para hacerse entender, la gente, necesita levantar la voz. Al cabo de un tiempo en lugares así, comienzo a no escuchar lo que me dicen y a dejar de esforzarme en comprender, busco salir del local o simplemente mantenerme al margen de la conversación.
En el silencio me encuentro muy cómodo, su anatomía me gusta. Distingo perfectamente las líneas que separan su presencia del grave ruido que hay a su alrededor. Son muchas las ocasiones en las que busco un lugar en mi casa donde todo quede mitigado, un lugar donde el silencio se pueda escuchar, sentir, mascar... y me relajo.
Los años me han hecho descubrir la verdadera importancia del silencio como elemento de comunicación, incluso como elemento diferenciador entre personas que comprenden y personas que saben. También que para una relación de pareja poder compartir el silencio es uno de los mejores pasos para completar una vida en común.
Cuando he paseado por las montañas he sentido como el manto de silencio difuso que se mantiene siempre presente en ellas, me ha abrazado. Me hace sentir en comunión con el entorno... en silencio comienzas a escuchar sonidos que no creías que existían.
A mi hija se lo expliqué un día, aún a riesgo de que su corta edad la alejase del entendimiento necesario. Le dije: cuando llegas a un bosque traes contigo el sonido de la ciudad, del bullicio; si eres capaz de mantenerte en silencio durante media hora, observando a tu alrededor, comenzarás a escuchar y sentir. Descubrirás que tus oídos encontrarán acomodo en el leve repiqueo de las hojas movidas por el viento; el rápido correr de una ardilla a doscientos metros, el chapoteo de los peces saltando de uno a otro lado... ese silencio difuso es el que merece la pena.
Yo lo busco en los veranos en los que salgo a remar río arriba, sin más compañía que un remo y un kayak. En mitad del río me he sentido lleno, tranquilo...
Pocas veces he experimentado el silencio absoluto, ese en el que no hay absolutamente nada, incluso escuchas con dificultad tu propia respiración. Para ello, claro está, es necesario introducirse en una cabina de medición auditiva. Pedí permiso en una ocasión en la que, ingresado para controlar mi dolencia, tuve un brote de ansiedad y quería aislarme. Fue alucinante, durante diez minutos me costaba incluso mantener una postura cómoda; como si faltasen referencias... al cabo de ese tiempo comencé a sentir mi respiración, a dejarme llevar por la paz del momento...
Imagino que hasta ese punto llegan quienes son capaces de hacer de la concentración mental un modo de vida. No es difícil aislarse del ruido exterior, son los sonidos internos de cada uno los que cuesta más controlar...
Silencio...
Me gusta escuchar música, siempre con un tono elevado; sin que llegue a molestar pero sí que contenga cualquier sonido aleatorio que perturbe la audición de la melodía que escucho.
No soporto sin embargo los lugares muy concurridos donde para hacerse entender, la gente, necesita levantar la voz. Al cabo de un tiempo en lugares así, comienzo a no escuchar lo que me dicen y a dejar de esforzarme en comprender, busco salir del local o simplemente mantenerme al margen de la conversación.
En el silencio me encuentro muy cómodo, su anatomía me gusta. Distingo perfectamente las líneas que separan su presencia del grave ruido que hay a su alrededor. Son muchas las ocasiones en las que busco un lugar en mi casa donde todo quede mitigado, un lugar donde el silencio se pueda escuchar, sentir, mascar... y me relajo.
Los años me han hecho descubrir la verdadera importancia del silencio como elemento de comunicación, incluso como elemento diferenciador entre personas que comprenden y personas que saben. También que para una relación de pareja poder compartir el silencio es uno de los mejores pasos para completar una vida en común.
Cuando he paseado por las montañas he sentido como el manto de silencio difuso que se mantiene siempre presente en ellas, me ha abrazado. Me hace sentir en comunión con el entorno... en silencio comienzas a escuchar sonidos que no creías que existían.
A mi hija se lo expliqué un día, aún a riesgo de que su corta edad la alejase del entendimiento necesario. Le dije: cuando llegas a un bosque traes contigo el sonido de la ciudad, del bullicio; si eres capaz de mantenerte en silencio durante media hora, observando a tu alrededor, comenzarás a escuchar y sentir. Descubrirás que tus oídos encontrarán acomodo en el leve repiqueo de las hojas movidas por el viento; el rápido correr de una ardilla a doscientos metros, el chapoteo de los peces saltando de uno a otro lado... ese silencio difuso es el que merece la pena.
Yo lo busco en los veranos en los que salgo a remar río arriba, sin más compañía que un remo y un kayak. En mitad del río me he sentido lleno, tranquilo...
Pocas veces he experimentado el silencio absoluto, ese en el que no hay absolutamente nada, incluso escuchas con dificultad tu propia respiración. Para ello, claro está, es necesario introducirse en una cabina de medición auditiva. Pedí permiso en una ocasión en la que, ingresado para controlar mi dolencia, tuve un brote de ansiedad y quería aislarme. Fue alucinante, durante diez minutos me costaba incluso mantener una postura cómoda; como si faltasen referencias... al cabo de ese tiempo comencé a sentir mi respiración, a dejarme llevar por la paz del momento...
Imagino que hasta ese punto llegan quienes son capaces de hacer de la concentración mental un modo de vida. No es difícil aislarse del ruido exterior, son los sonidos internos de cada uno los que cuesta más controlar...
Silencio...
Soberbia
El último de los Pecados podría ser también el menor de ellos, si nos atenemos al desarrollo de las sociedades, a la superioridad jerárquica del orgulloso o soberbio sobre el humilde o modoso.
La humildad es una característica maravillosa, pero la soberbia u orgullo también lo son. Sólo dependerá del momento en que una actitud o la contraria se den.
Así las cosas cuando hacemos algo que resulta ejemplarizante para los demás o para con nosotros mismos, no sentimos orgullosos de ello. La soberbia sería en este caso beneficiosa.
En otro orden de cosas la vanidad (otro sinónimo de soberbia) forma parte intrínseca del ser humano o al menos de una gran mayoría. Todos somos un poco narcisos y nuestra vanidad, grande o pequeña, nos encamina hacia una actitud u otra.
Soberbia...
La humildad es una característica maravillosa, pero la soberbia u orgullo también lo son. Sólo dependerá del momento en que una actitud o la contraria se den.
Así las cosas cuando hacemos algo que resulta ejemplarizante para los demás o para con nosotros mismos, no sentimos orgullosos de ello. La soberbia sería en este caso beneficiosa.
En otro orden de cosas la vanidad (otro sinónimo de soberbia) forma parte intrínseca del ser humano o al menos de una gran mayoría. Todos somos un poco narcisos y nuestra vanidad, grande o pequeña, nos encamina hacia una actitud u otra.
Soberbia...
Envidia
La envidia es el Pecado Capital por excelencia, y el deporte nacional en nuestro país. La RAE define la envidia como: la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee.
Yo me aproximo más a la definición, fantástica, que Fernando Fernán Gómez explica en el documental “La Silla de Fernando”, de David Trueba: sostiene Fernán Gómez que la envidia es el deseo de situarse en la piel del otro. En soñar con ser otra persona y beneficiarse de lo que esa persona se beneficia. Lo argumenta con El Quijote y su autor, Cervantes. Un envidioso querría ser Miguel de Cervantes, y haber tenido el ingenio de éste.
Por el contrario, sostiene el actor y escritor, el español no es envidioso sino mala persona; aquí, en lugar de querer ser Cervantes, dirían aquello de: pues no es para tanto; no está bien escrito; tiene muchos errores, etc.
Estoy al cien por cien con él. He conocido a pocas personas que quisieran ser Cervantes y sí a muchos que han criticado su obra. Y lo que es peor, lo han hecho sin tener en cuenta la perspectiva.
Y es esto último, la perspectiva, la que influye de manera determinante en nuestra concepción de la envidia. La óptica del envidioso le hará situarse más próximo o más lejano a la realidad.
El concepto de “envidia en el buen sentido de la palabra” no existe pues la envidia sólo debería tener ese sentido. Para la “otra” envidia, la RAE ya tiene suficientes adjetivos calificativos.
He sentido muchas veces envidia de los diferentes personajes que han trascendido a la historia, he soñado con ser ellos, con disfrutar de las buenas cosas que han hecho o de las situaciones que han vivido. Obviamente lo haría con mi propia perspectiva, no podría ser de otra manera, dado que la objetividad no existe en este ámbito.
En el Purgatorio, de Dante, explica la condena de los envidiosos a coserse los ojos por haber disfrutado observando la caída de los demás...
Para concluir habría que advertir que a la personalidad envidiosa se le suele unir una personalidad manipuladora, mentirosa y mezquina...
Envidia...
Yo me aproximo más a la definición, fantástica, que Fernando Fernán Gómez explica en el documental “La Silla de Fernando”, de David Trueba: sostiene Fernán Gómez que la envidia es el deseo de situarse en la piel del otro. En soñar con ser otra persona y beneficiarse de lo que esa persona se beneficia. Lo argumenta con El Quijote y su autor, Cervantes. Un envidioso querría ser Miguel de Cervantes, y haber tenido el ingenio de éste.
Por el contrario, sostiene el actor y escritor, el español no es envidioso sino mala persona; aquí, en lugar de querer ser Cervantes, dirían aquello de: pues no es para tanto; no está bien escrito; tiene muchos errores, etc.
Estoy al cien por cien con él. He conocido a pocas personas que quisieran ser Cervantes y sí a muchos que han criticado su obra. Y lo que es peor, lo han hecho sin tener en cuenta la perspectiva.
Y es esto último, la perspectiva, la que influye de manera determinante en nuestra concepción de la envidia. La óptica del envidioso le hará situarse más próximo o más lejano a la realidad.
El concepto de “envidia en el buen sentido de la palabra” no existe pues la envidia sólo debería tener ese sentido. Para la “otra” envidia, la RAE ya tiene suficientes adjetivos calificativos.
He sentido muchas veces envidia de los diferentes personajes que han trascendido a la historia, he soñado con ser ellos, con disfrutar de las buenas cosas que han hecho o de las situaciones que han vivido. Obviamente lo haría con mi propia perspectiva, no podría ser de otra manera, dado que la objetividad no existe en este ámbito.
En el Purgatorio, de Dante, explica la condena de los envidiosos a coserse los ojos por haber disfrutado observando la caída de los demás...
Para concluir habría que advertir que a la personalidad envidiosa se le suele unir una personalidad manipuladora, mentirosa y mezquina...
Envidia...
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