LUGARES PARA SOÑAR

LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir

jueves, 2 de abril de 2020

TENGO GANAS


Tengo ganas de volver a verte, de verte sonreír mientras tomamos una cerveza. Mientras compartimos un pincho o unas patatas en cualquier cafetería. Tal vez un paseo por un andén que recuerde a otro tiempo.

Tengo ganas de salir a la carretera en tu compañía y dejarnos llevar por la música mientras el coche nos lleve de un lugar a otro. Nada es más grato que descubrir lugares con encanto a tu lado.

Tengo ganas de abrazarte, de transmitirte en un abrazo mucho más que un sentimiento. Abrazarte para hacerte sentir que todo puede ser posible. Que pese a la aspereza del camino, merece la pena caminar.

Tengo ganas de besarte, de sentir tus labios en los míos. De volver a sentir la emoción de esos besos que nunca se acaban aunque duren breves segundos. Besos que expresan mucho más las palabras.

Tengo ganas de recorrer la piel de tu cuerpo con los dedos de la mano; de seguir memorizando con los labios aquellos lugares en los que ambos sabemos que todo cambia en un segundo.

Tengo ganas de hacerte el amor, de soslayar los malos momentos y abandonarme contigo a un torbellino de emociones, placer y gozo. Estar en ti y que tú estés en mí. De mirarte cuando todo termine sin que nada acabe.

Tengo ganas de arramblar con la vida, de cambiarlo todo para dejar las cosas igual y contribuir a nuestra mutua utopía. De emprender un camino sin retorno, en el que los viajeros finales seamos nosotros más allá de la compañía.

Tengo ganas de que todo acontezca, de que todo sea verdad, de que el futuro sea eso...futuro. Pero al que se pueda acceder desde el presente. Masticando muy despacio, para que la digestión sea buena y el sueño plácido.

Vienes?

DESCUBRIR.


En este tiempo de reclusión que estamos viviendo, nos va dando tiempo a descubrir muchas cosas que llevaban ahí tiempo y en las qué, apenas habíamos reparado. Tal vez también podamos redescubrir emociones, tiempos e incluso a personas.

A buen seguro la mayoría de nosotros no practicamos el ascetismo, ni tampoco tenemos alma de eremitas. La mayoría somos esclavos del modo de vida que tenemos y víctimas en este caso de las muchas necesidades creadas. Sin embargo uno siempre debe de sacar lecturas positivas, aún navegando en medio de un océano informativo que está entre lo perturbador y lo desgarrador.

A diario nos miramos en el espejo sin darnos cuenta de quienes somos, apenas reparamos en lo que creemos que somos. Estos días, al fin y al cabo, pueden enseñarnos muchas cosas de nuestra propia personalidad. Somos animales de costumbres que se nos han alterado sin previo aviso; modificando nuestro statu quo personal. Quizás estamos descubriendo que no somos tan fuertes; o que lo somos mucho más que antes. Ese sillón en el que antes nos sentábamos a ver la tele ahora se puede convertir en un lugar de recogimiento personal; también en la representación del hastío y el cansancio.
Tal vez, no estoy seguro, sería un buen momento para repensar lo que hemos vivido, analizar lo que tenemos y vislumbrar el futuro con un tiempo que hace nada no teníamos.

Si tenemos a alguien a nuestro lado: pareja, hijos, padres, hermanos, amigos… este tiempo será una prueba de fuego importante. No son unas vacaciones en las que puedes estar pero puedes salir. Son muchas horas al lado de personas que crees conocer, que puede que así sea, pero que también puedes observar de otro modo.
Adoramos a nuestros hijos, pero de común los dejamos en el colegio antes de irnos a trabajar y los vemos poco tiempo al día. Ahora es momento de disfrutarlos, conocerlos, prestarles toda la atención que no de damos, abrazarlos...y sí, también pueden cansarnos con su vitalidad, sus ganas o su apatía cuando “son adolescentes incomprendidos en un mundo de mayores avejentados “.
Queremos a nuestros padres, les respetamos, mas estamos acostumbrados (la mayoría) a vivir con ellos pero sin ellos. Les tratamos de un modo parecido a cómo lo hacen los adolescentes con nosotros. Con cierta condescendencia. Tal vez sea el momento de aprender de nuestro pasado, de prestar atención a las emociones que manifiestan cuando hablan de tiempos pretéritos que siempre es bueno conocer.
A nuestros amigos, posiblemente les conozcamos mejor que a nuestros hijos o padres, pero no así, no confinados, no atrapados en la misma casa. Las verdaderas amistades no se forjan al compartir los buenos momentos; se labran en el respeto a los espacios y en los malos momentos compartidos. Aunque esto no sea un guerra, ni sea una cárcel. Tan sólo la vida nos ha enseñado lo frágiles que somos.
Con nuestras parejas, esas que elegimos libremente, nos toca vivir un tiempo complejo. Tanto si estamos con ellas en la misma casa, como si el azar ha querido que estemos lejos. Sin duda son situaciones diferentes. En la primera, cuando estamos en casa 24 horas, todos los días sin más espacio que la vivienda, la vida puede ser placentera y fantástica; una montaña Rusa sobre un tornillo de Arquímedes; o un laberinto del que será difícil escapar. En todo caso, aprovechando el tiempo se puede ahondar en la personalidad de nuestro par. En la segunda, cuando la distancia separa los deseos, lleva las emociones al límite y amenaza con lanzarnos a la aventura irresponsable de salir en su búsqueda, la comunicación es básica y fundamental. Habrá a quien la verborrea se le encasquille con el fluir de las emociones; y otros, al contrario, deberán de buscar en el trasfondo de su lenguaje la mejor manera de transmitir cuan importante es una persona para ellos.

Dicen que una golondrina no hace primavera, pero intento ser optimista. Quiero pensar que en unos días, los que sean, la vida volverá poco a poco a ser como antes. De lo que sí estoy seguro es de que nosotros, no seremos los mismos. Este tiempo supone todo un examen para con nosotros mismos y nuestro entorno.

miércoles, 1 de abril de 2020

ERA PARA EL OTRO LADO


El continuo trasiego de la vida, apenas nos da para poder ser conscientes del camino que tomamos. Desde la más tierna infancia empezamos a elaborar planes de futuro a largo plazo. Las más de las veces se quedan en meros recuerdos en apuntes de libreta adolescente. El paso de los años nos pone blanco sobre negro la distancia existente entre lo planeado y lo conseguido.

Cierto es que muchos planes se cumplen, el tesón de cada uno logra que podamos evitar las barreras que puedan surgir y alcanzar ese plan anhelado. Pero siempre habrá más de uno que no completemos. Y lo mejor, no pasa nada. Nuestra adaptabilidad nos empodera frente a las adversidades y terminamos en otro plan, tal vez mejor.

Siempre he visto la vida como una red de carreteras, transita uno por una vía principal sin más preocupación que mirar al horizonte. En la medida que he ido, primero creciendo y después cumpliendo años, he podido disfrutar de grandes autopistas y de las mas fabulosas carreteras de montaña. Y he sufrido, claro que he sufrido, las penosidades de vías desconchadas, muchas sin asfalto , otras apenas una trocha de cabras por la que evitar el despeñe.

En todo este viaje uno se detiene en lugares en los que cree poder quedarse toda la vida; en los que se aventura incluso a construir un hogar. Algunos se quedan en ese recodo para siempre (bien por ellos). Otros, sin embargo, seguimos viaje hasta el siguiente alto en el camino que nos haga sentirnos bien; y en nuestro interior nos decimos “esta vez sí”, y tomamos el martillo y los clavos para edificar una nueva estancia. También esta vez muchos se quedarán (bien por ellos). Y seguimos adelante, unas veces con los huesos molidos por tantos baches; otras veces sintiendo el aire en las manos que sacamos por la ventana...seguimos camino.

Un día sufrimos una avería, de esas que te dejan destrozada el alma y con pocos arrestos para continuar; todo se vuelve oscuridad, huele a barro. Mas cuando más improbable parece que salgas de atolladero alguien llegar para socorrerte, para impulsarte, para hacerte ver que es posible la utopía. Los planes a futuro están, de nuevo, más vigentes que nunca.

Es el mejor trayecto: comidas, charlas, encuentros, risas… aprietas el pedal hasta el fondo porque allí, lejos pero más cerca, está tu destino. A medida que la claridad lo invade todo, hasta parece que respiramos mejor. Buen vehículo, mejor compañía, asfalto liso. A toda velocidad te adentras en el último tramo y ahí está. Tienes delante tu sueño, has alcanzado tu propia utopía, ese plan de futuro a largo plazo. La majestuosa última parada está delante de ti. Desciendes casi con miedo, pero feliz. Te acercas a la puerta y llamas. Cuando ya estás a punto de reventar de la emoción, alguien, al otro lado, en un susurro te dice: ERA PARA EL OTRO LADO

Te subes al coche, sonríes, sujetas el volantes y arrancas…. La vida resulta siempre una caja de sorpresas.

martes, 31 de marzo de 2020

LA PUERTA DE ATRÁS


Nuestra mente suele ser un arma poderosa, cuando la utilizamos bien; y una terrible herramienta de autodestrucción cuando la empleamos de manera incorrecta. Ocurre, que para el primer cometido, solemos ser conscientes de ello y para el reverso no siempre percibimos lo que ocurre.

El cerebro es permeable a un aprendizaje continuo. El conocimiento puede ser adquirido a cualquier edad, depende de las capacidades de cada uno y, sobre todo, de la curiosidad intelectual personal. La evolución es constante, en nuestros primeros años somos verdaderas esponjas capaces de introducir en nuestro disco duro una cantidad de información que no será la misma a posteriori. La evolución de nuestro cerebro se produce a la par que nuestro crecimiento y en la medida en la que nuestra personalidad se va asentando, el cerebro se empieza a mostrar más receptivo hacia unos temas frente a otros. Todos, en mayor o menor medida conocemos como funciona.

Hay individuos que en este proceso sufren momentos de disfunción en el aprendizaje. Por razones químicas, físicas o sociales la permeabilidad no es la misma, el desarrollo cognitivo es diferente, etc. Lo que puede traducirse en comportamientos erráticos. En trastornos diversos que nos lleven a una necesidad de ayuda. O en el peor de los casos de una dependencia emocional no diagnosticada que lleva implícitos no pocos problemas.

Sin embargo, hay personas, con un desarrollo normal, con las mismas capacidades que los demás que albergan dentro de sí una puerta que les lleva a un espacio interior en el que desarrollar ideas peligrosas; comportamientos perniciosos o extravagantes. Individuos capaces de adentrarse de cuando en cuando en ese laberinto y encontrar la puerta de salida para ser, aparentemente normales. Estoy seguro de que un profesional de la Psicología o Psiquiatría podría describirlo mejor, no es mi caso.

Este tipo de personas son, a mi modo de ver, peligrosas. Y no tanto para el daño que se pueden infringir a sí mismas como por el daño que van a causar en los demás; porque una relación con personas así lleva implícito un proceloso caminar por un campo de minas. Decir una cosa y la contraria suele ser una habilidad desarrollada por los políticos que vemos a diario; pero sufrirla en el ámbito del hogar llega a desestabilizar a niveles épicos. Asistir desde la cercanía a la trama que van urdiendo cada vez que cruzan esa puerta puede causar pavor. A mi modo de ver las personas mezquinas entran y salen todos los días de esos recovecos personales en los que se llenan de insidia y acaban siendo sujetos con una personalidad cainita que hace imposible una relación normal con ellos. Alguno pensará: “pobres, se hacen daño a sí mismos”, no lo tengo yo tan claro. Tal vez porque cuando cierran la puerta al salir, no tienen dudas sobre el cometido que tienen. Están absolutamente seguras de su verdad. Seguro que muchos personajes públicos que vemos en los medios estos días cruzan de cuando en cuando la puerta de atrás.

Todos somos susceptibles de una introspección en la que poder ser conscientes de nuestros actos. Quiero pensar que la gran mayoría de las personas están englobadas en dos grupos más o menos amplios y, hasta cierto punto, comunicantes: los que voy a llamar “cuerdos” y los que “no lo son”. Mas estoy seguro de que un grupo, también numeroso navegan entre ambos mundos. Con una puerta trasera que traspasan con cierta frecuencia, buscando ese lugar donde se sientes seguros y elaboran ideas (generalmente dañinas) con las que salir al mundo real para llevar a cabo su plan mental.
A nivel social todos nos habremos encontrado con personas así. Algunas seguramente necesiten ayuda profesional. Otros, en mi humilde opinión, lo que precisan es estar lejos de cualquiera a quien aprecies. Porque pueden resultar terriblemente destructivos.

La vida siempre estará llena de matices. Una continua subida y bajada por la cordillera de los acontecimientos. Precisaremos bidones de agua, el apoyo de los demás; tal vez nuestro propio espíritu aventurero o de lucha…. Y es bueno que en ese recorrido demos la mano a quien lo precise, empujemos a los demás colina arriba si nos alcanzan las fuerzas y frenemos la caída de los que se arriesgan a lanzarse sin frenos. Pero si en el trecho nos encontramos con personas que cruzan la puerta de atrás con frecuencia, es mejor desviarse del camino y emprender otro. No merece la pena remar en ríos sin agua.

domingo, 29 de marzo de 2020

Y DESPUÉS ¿QUÉ?


En estos días de zozobra para el Mundo tal y cómo lo conocemos se me vienen a la cabeza muchas preguntas, pero sobre todo una: Y después, ¿qué?. Deberíamos detener todos claro que las cosas nunca deberían de volver a ser como antes, o no todas.

Crecí en una época en la que se nos venían las veleidades del sistema capitalista frente a un fracasado comunismo. Tiempos en los que el demonio tenía cara de hoz y martillo y Dios se vestía con una túnica blanca y dólares como decoración.

Estoy seguro de que el Comunismo fracasó. No tengo ninguna duda; no le he tenido nunca. Entre otras muchas razones porque fue aplicado en lugares y comunidades que estaban muy lejos de los expuestos en sus razonamientos fundadores. Pero esa es otra conversación.

Tras la Gran Depresión del siglo XX, llegaron los Acuerdos de Bretton Woods, que sentaron las bases de las nuevas sociedades, del sistema capitalista que nos ha traído hasta hoy. Un sistema falaz que ha sabido articularse con el paso de los años y el correcto adoctrinamiento para traernos a donde hoy estamos. Nos vendieron el libre mercado y la igualdad de oportunidades. Una quimera que jamás nos hubiesen permitido alcanzar.

Ya en la anterior crisis global, y ahora en esta, el Capitalismo a puesto de manifiesto que su único interés radica el la supervivencia de las grandes Corporaciones. Razón por la que los poderes nacionalizan grandes empresas, salvan bancos etc. El hundimiento de las pequeñas industrias, la pérdida de trabajos etc son lo que ellos llaman : daños colaterales.

En esta crisis sanitaria global se han puesto de manifiesto no pocos pecados permitidos por la sociedad. El mayor de todos radica en pensar que somos dueños de nuestras vidas. Es obvio que no. En el mejor de los casos se nos permite decidir sobre temas domésticos. De cuando en cuando nos llevan a las urnas para darnos la falsa esperanza de que con nuestro voto podemos cambiar las cosas.

Está muriendo gente en todo el mundo, y más que va a morir (la gente no es consciente todavía de que van a ser muchos) y uno se da cuenta de lo frágil que es nuestra conciencia de grupo. Siguen manejándonos a través de su arma más eficaz, los medios de comunicación y las redes sociales modernas donde un sólo ordenador en las manos acertadas multiplica por millones las falsas informaciones.

En estos días de confinamiento global uno se da cuenta de la dependencia que tiene de cosas superfluas. Como diría Mujica, perdemos demasiado tiempo en comprar cosas que no necesitamos. Ese ha sido el caramelo del capitalismo.

Nunca habrá igualdad de oportunidades en sentido absoluto, aunque sí pueda darse en sentido amplio en determinados momentos. Cuando Churchill digo aquello de: “sobre el mundo ha caído un Telón de Acero” refiriéndose a las hoces y martillos que estaban del otro lado; era consciente de que el negocio del capitalismo daba un paso de gigante. USA nunca dejó de tener intercambios comerciales con la URSS, tan sólo disimulaba bajo banderas de conveniencia. A ambos lados del Muro les interesaba vender su particular burra.
La primera se desplomó por su propio peso e ineptitud en los 90, la segunda se desplomó en 2008, la salvaron soportando todos nosotros el peso, y ahora se ha vuelto a desplomar. ¿Por qué? Porque está construida sobre una falacia. No eres más feliz cuanto más puedes comprar (dictado 1 del Capitalismo); eres más feliz cuanto menos necesites.
La necesidad siempre será apremiante.

No sé cual es el modelo de Mundo que deberíamos dejar a nuestros descendientes, pero este se me antoja demasiado quebradizo. Eso sí, rompe siempre por el mismo lado.
El mundo está gobernado por poderes que están lejos del alcance de marionetas como Trump o Putin.

Cambiar el modelo no parece tarea fácil, pero se puede hacer. Todo lo que tenemos que hacer es tener pensamiento crítico. Ver qué carencias tenemos y qué estamos haciendo mal. No vamos a poder cambiar el poder que maneja el mundo desde los mercados de cereales capaces de producir hambrunas a tres mil kilómetros, para provocar inestabilidad, hambre y guerra. Pero sí podemos hacer algo para no tener países como Brasil, gobernados por psicópatas que hablan de un virus que mata a miles de persona como si lo hiciesen de un catarro.

Es responsabilidad de todos cambiar las cosas. Ojalá me equivoque, pero no lo haremos. Pasará este tiempo e iremos a los hospitales a decirles que son unos ineptos bien pagados por no atendernos de un corte en un dedo. O iremos a mítines para aplaudir a políticos que nos estarán mintiendo en nuestra cara. La droga que nos han vendido desde aquellos acuerdos en los EE.UU, nos han convertido en verdaderos yonkies del consumismo. Sabemos que un drogadicto, lo será siempre. Consuma o no.


EL CRUJIR DE LAS RAMAS


Dicen que cada uno encuentra su espacio en un momento dado en la vida. Ese lugar en el que uno desea permanecer el máximo tiempo posible. No quedarse para siempre, somos humanos y seguro que acabaríamos destrozándolo, pero si al que acudir cada vez que lo precisemos.

Si digo que el lugar donde mejor me siento es en medio de la Naturaleza, ninguna de las personas que me conocen se sorprenderían. Pues ha sido siempre mi refugio. El crujir de las ramas cuando el viento las mece siempre me ha provocado una sensación de paz difícil de explicar. Caminando en medio del bosque voy poco a poco dejando de lado la presión del día a día; las angustias y las penas… Podría decir poéticamente que entro en trance, pero no sería verdad, ya que soy consciente plenamente de que sólo estoy tomando aire para afrontar la realidad.

Las playas, el sonido de las olas golpeando la playa; el ulular del viento en las tempestades puede resultar una gran sinfonía a la vez que sobrecoge el corazón cuando uno se imagina en un cascarón a 20 millas de la costa. No soy hombre de mar, y sin embargo me gusta pasear por la playa mojándome, tirarme a las olas…

Han sido muchas las ocasiones en las que he emprendido viaje a montañas o costas con la única compañía de una cámara de fotos, los bastones para caminar y una mochila. Nunca me he sentido sólo. Tal vez porque siempre que recorro caminos o visito lugares lo hago con la misma ilusión que un niño. Me admiro de los paisajes que veo alrededor, descubro rincones nuevos en lugares que ya había estado, o simplemente hago un alto en el camino y escucho. Si prestas atención, la naturaleza siempre está en comunicación con uno.

En estos años he descubierto, en medio de la montaña, que nos perdemos demasiadas cosas en el mundo urbano. Y no hablo de paisajes idílicos o de momentos hermosos al descubrir unas vistas. Me refiero a la extraordinaria cantidad de tiempo que perdemos en nimiedades. Tres horas caminando se me hacen mucho más cortas que 20 minutos en un autobús camino del trabajo. El ritmo de vida que llevamos nos impide, muchas veces, darnos cuenta de lo importante que es para uno tener un lugar en el que hacer clic y dejar todo a un lado, atrás.

Cuando era niño tuve la fortuna de criarme en un pueblo, vivir en simbiosis con el entorno que teníamos y hacer que cuanto nos rodeaba formase parte de nuestros juegos. Desde la vía del tren hasta el río, pasando por los montes que teníamos cerca. Y sí, ya sé que hoy día los niños prefieren la realidad virtual de una consola a la vida real...o no; porque muchos nunca han tenido la oportunidad de vivir la naturaleza.

Y eso, vivir la naturaleza, escuchar como crujen las ramas cuando caminas por un soto; mojarte los pies mientras el agua de lluvia se desliza por el tronco de los árboles...son experiencias que hoy apenan disfrutan los niños y poco los adultos. En lo personal, creo que me han ayudado mucho en el desarrollo personal.

Uno nunca puede detener el tiempo. No puede tampoco negar una realidad que le golpea la cara cada mañana. Pero uno si puede acudir a una terapia tan barata como intensa, como es vivir la naturaleza con los 5 sentidos. Estoy seguro de que el mundo interior de las personas sería mucho más rico. Tendría más asideros a los que agarrarse y acudiría mucho menos a ese otro “mundo mágico” que reproducen las muchas drogas que reparte la medicina en forma de ansiolíticos, benzodiezapinas y otras drogas de uso legal.

No importa si bosque, prado, montaña, playa, río, desierto…..pasear por la naturaleza en soledad o acompañado es una píldora al alcance de todos que estimula sin efectos secundarios.



viernes, 27 de marzo de 2020

NUNCA EL TIEMPO ES PERDIDO


En estos días, en los que un enemigo invisible se ha metido en nuestro inconsciente haciendo aflorar los miedos atávicos que todos llevamos dentro, un elemento común nos arrolla un día si y otro también. El tiempo.

Otrora enemigo inexorable de nuestra existencia; caballo que nos lleva más o menos al trote hasta la vejez. Se ha convertido, de pronto, en una suerte de etapa estacional en la que tenemos la sensación de vivir como el personaje que interpretaba Bill Murray en “Atrapado en el tiempo”, donde el personaje revive cada mañana el mismo día.

En los primeros días el encierro sirvió para que muchos sacasen a relucir su lado cómico, su parte creativa, tal vez indolente. Miles de memes, con más o menos gracia, inundaron nuestros teléfonos móviles. El paso de los días nos ha trasladado a una cierta incertidumbre que provoca inquietud. La cantidad de informaciones falsas que llenan hoy los espacios de las gracietas de antes, merma nuestra capacidad de síntesis en la medida en que seamos proclives a dar valor de verdad a las informaciones de unos u otros.

Debería de imperar el pragmatismo, la cordura y, sobre todo, el escepticismo para con según que informaciones. Uno debe de ser clarividente sobre un hecho que tangencial para todos, los virus son más rápidos que las informaciones. A estas altura de la película seguramente los contagiados sean o seamos más de medio millón de personas. Una información valiosa teniendo en cuenta el ratio que más nos acongoja, el de los decesos. Pues no es lo mismo 1 de 100 que 1 de 1.000, o 1 de 10.000.

Mas allá de los números, la estadística; los enfermos o los tristemente fallecidos, deberíamos pensar que nunca el tiempo es perdido. Estamos en una etapa de redescubrimento de nuestros hijos, de los amigos (de los que parecía que eran, de los que son y de los que, ahora, demuestran que están). Es también un tiempo para mirarnos al espejo con más frecuencia de la habitual y reconocernos en él.

La introspección, tan necesaria siempre como dejada de lado, debe de ayudarnos a ordenar nuestra mente. En una sociedad que apenas mira el pasado y se deja atropellar por el futuro; este parón, puede y debe de significar un antes y un después. Lo queramos o no, nada será igual. Hoy todos somos más conscientes que nadie de lo vulnerables que somos en realidad. Y no sólo como personas físicas, sino como sociedad.

Es un tiempo para valorar también la libertad, ese bien que nuestra generación y las posteriores no ha valorado suficientemente y que las anteriores han masticado de manera lenta, viniendo como venían, de la ausencia de ella. Esa libertad coartada por nuestra incapacidad como especie de hacer frente a un enemigo tan temible como insignificante.

Estamos también ante una oportunidad fabulosa para apagar los televisores y las radios y sumergirnos en un buen libro; quizás escuchar música… cualquier otra actividad que estimule nuestras neuronas. Tenemos conocimientos adquiridos, otros muchos que son inherentes a la propia vida y que se aprenden existiendo.. mas muchos parecen dormidos, sedados por los pensamientos de otros que invaden las ondas con las que nos percuten día tras día. Es un tiempo fantástico para emanciparse de la estupidez de otros.
El tiempo, cuando está desordenado, puede provocarnos desazón. Eso sí, sólo cuando somos conscientes de la realidad que nos rodea. El personaje de “Atrapado en el tiempo” era el único que se daba cuenta de la repetición constante de los mismos hechos; incapaz de entender como los demás repetían siempre los mismos patrones. ¿Cuántos son hoy esos ciudadanos de la película que repiten día tras día el mismo patrón?¿Cuántos escuchan siempre a los mismos, leen a los mismos y piensan lo que piensan los mismos? La toma de distancia favorece una elaboración propia del pensamiento. El aburrimiento en necesario. Ser capaz de abstraerse será el mejor asidero para afrontar los días venideros.

Nunca el tiempo es perdido cuando tantos son capaces de unir sus conocimientos para lograr el bien común. Aunque siempre habrá empresas y particulares que soslayen esos valores con tal de enriquecerse. Tenemos que obligar, en el futuro inmediato, a que nuestros recursos tengan una salida importante hacia la investigación y el desarrollo. Ese lugar común de la política que suele ser un solar en cuanto pasa la emergencia.

Hace muchos años, Perón, decía que “al pueblo hay que darle zapatos, y no libros”. Muchos, a lo largo del tiempo, han pretendido eso. Llenar nuestras casas y mentes de cosas más o menos útiles para que caminemos. Los libros tienen el peligro de abrir las mentes y lograr que el caminante se detenga a pensar sobre la conveniencia o no del trayecto que lleva. Algo que a los poderes nunca les ha gustado. El objetivo último de muchas políticas no es darte las herramientas para que pienses, sino enseñarte qué pesar; o en su defecto darte zapatos para que sigas caminando.

Nunca el tiempo es perdido, para finalizar, si lo dedicamos a permitir que los sentimientos de verdad afloren. No los que creemos sentir en la voracidad del día a día o de la inmediatez; sino los de verdad. Los que te mueven por dentro. Posiblemente muchos se reafirmen en estar en el lugar adecuado y con la persona correcta. Otros, sin embargo, van a descubrir que su camino dista mucho de ser el mismo del que cohabita en casa. Y habrá un grupo, no menos numeroso, al que este tiempo sirva para poner en orden su corazón, su mente; y al que esta aparente zozobra le llevará a una playa magnífica en la que esperar a quien de verdad llenará sus días futuros.

El tiempo….