LUGARES PARA SOÑAR

LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir

lunes, 28 de junio de 2010

¿DÓNDE ESTÁ HAITI?

Víctimas como somos del “aquí y ahora” cada día son menos los recortes de prensa que uno puede sacar sobre Haití, un país devastado, donde la precariedad ya no es noticia. Ya no sale en las noticias, ninguna de las personas que se llenaban la boca hablando de ayudas y de lo “penoso que era la situación” salen ahora hablando del país caribeño.

Es como si no existiese, o lo que es lo mismo, ha vuelto a ser lo que era para la gran mayoría de la población: ese país infame que está al lado del República Dominicana.

Ahora, que llega el verano y las vacaciones, nadie irá con ayuda humanitaria, los más se interesarán por lo que sucede en el vecino país cuando estén en sus tumbonas del hotel que sea en la urbanización que hayan elegido.

Lo que sucede con los haitianos no es mejor ni peor que lo que ha pasado con otras noticias, con otros países, con otros problemas. En el mundo desarrollado, en las sociedades occidentales las calamidades en el exterior nos importan tanto como salgan en los medios de comunicación. Después, a título personal, hay muchas personas que ayudan todo el año, que se mojan por éste o aquel país; pero a los que se les llena la boca hablando son los que primero se olvidan en cuanto la tele deja de emitir desde el “epicentro de la noticia”.

Ahora, en este preciso instante, está de moda Kirguistan, una de las muchas repúblicas que surgieron de la extinta URSS y que, de cuando en cuando, inundan nuestras pantallas con alguna barbaridad en forma de matanza o levantamiento, tan propios por otro lado de estas repúblicas.

Dentro de una o dos semanas ser hará el silencio, nadie volverá a hablar de Kirguistán y su situación geográfica será un punto indeterminado en el mapamundi.

Haití tiene suerte de que el vertido de BP en el Golfo de México no se desplace hasta allí, pues terminaría con los escasos recursos que les pueden quedar; aunque bien pensado quizá les iría bien que el petróleo inundase sus playas, sólo así volverían al primer plano internacional y recibirían más ayudas.

Estamos en medio de una crisis económica que nos hace percibir la sensación de que mañana o pasado no tendremos un euro para comprar el periódico, o no podremos ir al cine, o no podremos salir de noche...y eso es algo que va en contra de países como Haití; En las sociedades del estado de bienestar la caridad nos dura lo que tardamos en percibir que nuestro estatus social puede deprimirse o contraerse un poco.

Porque los que ayudan, los que ofrecen sus manos, sus enseres, sus capacidades; esos lo hacen todo el año, con independencia de las noticias o de la publicidad de sus actos. Los demás, la gran mayoría que somos los demás, sólo sabemos situar algunos países en el mapa cuando sale en la tele.

Hay más de treinta guerras militares abiertas ahora mismo, ¿cuántos europeos podrían decir diez conflictos armados?...no muchos.

A BENEDICTO XVI NO LE GUSTA LA POLICIA

Al papa de los católicos no le gustan las fuerzas de seguridad, ni las investigaciones, ni los jueces; tal vez sea por el especial conflicto de intereses entre la justicia real y la justicia divina. Bien sabemos todos que la primera puede ser manipulable en algunas instancias y países, la segunda sin duda no existe.

Lo que llama la atención es que alguien como él, que vivió la época en que las SS entraban donde le daba la gana en cualquier punto de la Europa sometida a Hitler, se sienta incómodo por la entrada (con permiso y documentada) de la policía judicial en casa de los obispos belgas. Por suerte para él y para la institución que él representa, ahora no es suficiente conque un párroco señale con el dedo, o con que el representante del Santo Oficio diga que eres malo; Ahora es necesario demostrarlo. Y si han entrado en la Iglesia belga será porque tienen indicios más que suficientes para hacerlo.

No se caracteriza la iglesia por su transparencia, y mucho menos por su colaboración con las diferentes policías, sobre todo cuando va en su contra. Lo de ellos siempre ha sido beneficiarse de su arribismo al poder y a las instituciones armadas.

Ahora que la justicia parece haberse puesto de verdad a servicio del ciudadano y en contra de quien comete este tipo de delitos, se le ha terminado la patente de corso que tenían los clérigos hasta no hace mucho tiempo.

La pederastia es, sin duda, uno de los peores delitos que han cometido no pocos miembros de la iglesia, pero no el único. Cabría recordar el caso del Banco Ambrosiano y su relación con la Mafia; los abusos sexuales de innumerables mujeres en el continente americano y en África...

Benedicto debe tener en cuenta que quien comete esas fechorías son delincuentes y que no es suficiente con pedir públicamente perdón, hay que abrirles las puertas de los centros penitenciarios y que disfruten de su estancia.

Se queja el bueno de Benedicto de la profanación de tumbas y uno no puede menos que quedarse con la boca abierta. Alguien debería explicarle, aunque seguro que él ya lo sabe pues por algo es infalible, que en muchas de sus parroquias, en muchos de sus cementerios, en muchas de sus iglesias, se profanan de manera sistemática tumbas de personas corrientes, arte sacro, se venden nichos, etc. Las prácticas comunes siempre se han vuelto especiales cuando la iglesia se siente afectada.

La Iglesia debe cumplir las mismas leyes que los demás ciudadanos, ninguna Ley religiosa está por encima de una ley civil, al menos no en estos tiempos y no en ningún país occidental. Y eso, cuesta admitirlo

domingo, 27 de junio de 2010

NO QUIERO

No quiero levantarme cada mañana y tener que asumir que todo lo que nos rodea es crisis inmobiliaria, crisis financiera, crisis económica, crisis de valores… la vida es mucho más que esto.

No quiero imaginarme un mundo donde no exista la posibilidad de revancha, esa oportunidad que tendremos todos de revertir aquello que nos ha perjudicad, los actos en los que hemos causado dolor, los momentos donde incomprensiblemente fuimos tan imbéciles.

No quiero asomarme al balcón de mi vida y no ver otra cosa que la nada, quiero poder mirar con tranquilidad y admirar lo hermoso que se avecina, extasiarme con los colores del arco iris que se compondrá delante de mi ventana algún día.

No quiero hundirme en mis miserias, en mis problemas económicos, en mis errores como persona; quiero pedir disculpas a los ofendidos, tratar de mejorar donde he fallado.

No quiero dejar pasar el tiempo sin aprovecharlo, sin vivir intensamente cada instante que deba permanecer en él. Para ello tendré que hacer renuncias; habrá momentos en los que decidir entre el blanco y el negro, quiero hacerlo.

No quiero vivir rodeado de personas que no se impliquen, al menos en su propia vida, que viven porque no les queda más remedio pero no buscan salida a sus dudas, ni horizonte al que dirigirse.

No quiero dejar de intentar encontrar la compañía que necesito, sea esta como sea, el conocimiento de uno mismo sólo llega al final de los días, cuando la perspectiva le permite a uno juzgar.

No quiero un mundo donde mi hija no pueda desarrollarse plenamente, donde tenga que pensar si por el mero hecho de ser mujer, pueda no tener una oportunidad. Haré cuanto pueda por enseñarle que no hay camino sin espinas, ni suerte sin búsqueda.

No quiero dejar de lado a las personas que sé que me quieren, a las que no he atendido como debiera por estar más pendiente de mi propio ego. Mirarse uno el ombligo es un ejercicio tan fácil como fútil.

No quiero levantarme un día, mirarme en el espejo y ver a otra persona que no sea yo. Quiero reconocerme cada mañana, poder tener, al menos, la seguridad de que el que me mira desde el otro lado me tratará como un igual.

No quiero morirme pero es algo que tengo la certeza de conseguir. La vida es maravillosa por eso se que me costará mucho marcharme y que si lo hago no será porque quiera; pero es batalla perdida.

No quiero perder el tiempo manteniendo la mente vacía más allá de lo necesario. Me gusta pensar las cosas, incluso cuando me equivoco. Es un ejercicio que me hace sentirme bien.

No quiero dejar de equivocarme pues es la única manera de aprender. No, no se trata de hacerlo a diario, sino de cuando en cuando. Ensayo y error siempre han sido las mejores maneras de avanzar.

No quiero dejar de plasmar por escrito lo que pienso, pues no siempre tienes a quien contarle por dónde van tus pensamientos, por donde tus sueños. Las letras escritas son algo más que mis pensamientos, son una parte de mí que quiero dejar para otros.

No quiero un mañana sin pasar el hoy, no quiero un minuto que no sea mío, pero puedo compartir mi tiempo con cualquiera

jueves, 24 de junio de 2010

EN EL HORIZONTE

Hace tiempo que me plateo las cosas de manera inmediata, una especie de aquí y ahora. Siempre soñando y elaborando hipótesis sobre lo que podría suceder, lo que querría que sucediese.

Quizá lo mejor sea hacer un ejercicio mental, de realismo pragmático aunado a una ilusión fantasiosa para adivinar que habrá en el horizonte, en mi horizonte inmediato.

Lo cierto es que veo mi horizonte sembrado de muchas dudas aderezadas con bastantes certezas.

Dudas en cuanto a cómo estaré de salud, a cómo será el futuro que espera a mi hija, en qué tipo de sociedad va a crecer, cómo puedo mejorarla o qué debo hacer para no empeorársela.

Por otro lado tengo la certeza de que viviré con alguien, de que disfrutaré de unos años fantásticos; estos que me llevarán desde el final del estío hasta la llamada del invierno una vez traspasado un otoño que confío sea maravilloso.

No sé si esta etapa de mi vida irá acompañada de una persona, de personas, de personas y personitas... no es fácil adivinarlo.

Otra certeza que tengo es que daré tanto como pueda, que ofreceré lo que, hasta ahora, no he ofrecido: mi corazón, mi mente, mi verdad.

Quien ha compartido mi tiempo presente y pasado no ha podido beneficiarse de ello, ha convivido con una parte sesgada de mi persona. Quizá el miedo, la inseguridad, los malos momentos, hayan mermado mis capacidades en este tiempo.

Seguro que en el horizonte próximo seré mejor persona que ahora mismo, y además sospecho que lo seré porque quien entre a formar parte de mi vida privada y pública, aportará mucho, enriquecerá mi mundo y encontrará a una persona más receptiva.

Dejar atrás etapas no es nunca un camino fácil, mirar hacia atrás resulta inevitable cuando se tiene conciencia, aunque algunos no crean que ello sea posible. Sirve, en todo caso, para observar con calma los errores que cometimos y tratar de no repetirlos en la nueva singladura que comienza en breve.

El horizonte es aquel lugar donde quiero mirar en plural, donde lo que pueda construir sea en base dos, incluso tres o cuatro. No quiero perder mucho tiempo mirando los vientos pasados, pues el viento, de vez en cuando, también cambia de aire.

Vivo un momento de transición entre un yo y otro yo; un momento donde el debate interno es cada vez mayor, donde comienza a prevalecer el yo oculto, el que estaba tapado, el que disimulaba, sobre el yo que fingía ser, sobre el yo que no se mostraba.

Freud, Lacan y otros encontrarían muchas explicaciones sobre esta aseveración, encontrarían un sin fin de variables sobre las que anclar mis percepciones. Mis conocimientos, por el contrario, son mucho más parcos y, sobre todo, simples. Creo que una persona va quemando etapas en el devenir de su vida, algunos viven intensamente y en primera persona, cada momento, cada época. Sin embargo hay quien vive en tercera persona o incluso en pretérito, pues la personalidad es algo complejo.

Quiero pues, y estoy seguro de conseguirlo, elaborar un horizonte mental que se confunda con el real. Imagino un horizonte donde el crecimiento y desarrollo de mi hija sea uno de los pilares; donde el amor y la interrelación con mi pareja sea otro de los pilares; donde el encuentro conmigo mismo y con mi persona sea el tercer pilar; dejando para el final un cuarto pilar, el del libre albedrío, ese que convierte en inesperado un acontecimiento futuro...

LA CLANDESTINIDAD DEL BURKA

Se establece ahora en los medios de comunicación y en los núcleos de poder de nuestro país un debate sobre la conveniencia o no, de poder utilizar el Burka en los espacios públicos, edificios e intimidad.

Habría que determinar primero dónde situamos la libertad del individuo y donde primamos la libertad colectiva. Nuestra constitución, en su Título I, garantiza a todo ciudadano español la libertad para vestirse como le convengan entre otras muchas cuestiones como la libertad de culto y demás. Pero la misma Constitución prevé que sean los poderes públicos los que velen por nuestra seguridad colectiva.

Llegados a este punto, cualquier debate, fuera de éstos términos, se vuelve absurdo cuando hablamos de una prenda como el Burka.

Por su propio diseño el Burka atenta contra muchos de mis derechos como ciudadano, vuelve clandestino a quien se oculta bajo sus telas. Como ciudadano quiero saber quien viene de frente a mí por la calle, tengo derecho a identificar, más o menos, de manera clara a la persona que comparte conmigo un espacio público. En su casa puede ir como le da la gana y seré yo, a título individual, quien decida si entro o no en su espacio privado; aceptando por tanto sus normas.

Por otro lado, establecer un debate sobre el posible menoscabo de los derechos de la mujer, o sobre la imposición por parte de los clérigos en el huso de esta u otras prendas; No es más que un ejercicio de etnocentrismo que nos hace tratar de imponer unas costumbres sobre otras; con la premisa de que nosotros creemos que las nuestras son las buenas. Pero...¿quién lo establece así?.

Establezcamos pues una diferenciación clara entre lo que es un derecho individual de uno colectivo, y convengamos que el derecho colectivo debe prevalecer sobre el individual, siempre y cuando no atente de manera clara contra la integridad física de la persona. Si estamos en una sociedad democrática que elige a unos representantes que, después, nos gobernarán a todos, con independencia del color político. Aceptaremos pues que la manera de vivir en sociedad de la mayoría debería ser aceptada, al menos en público por quien no está de acuerdo.

Si por el contrario de los que se trata es de situar en una balanza los beneficios y los prejuicios que este debate conlleva para España; claramente favorece a los que creemos que nuestro país debería dejar de ser un Estado aconfesional para convertirse en un Estado laico. La laicidad haría posible que no existiesen los dobles raseros que tenemos, esos que permiten a una monja llevar hábito y el cuerpo cubierto y a una musulmana no. Pues en nuestro país hay españoles católicos y españoles musulmanes. No caigamos en el error de que la religión gane de nuevo un espacio de poder que tanto les costó perder.

Creo que el Burka debería de erradicarse de la vida pública, pero al igual que cualquier otra manifestación religiosa. Entiendo que la religión, al ser algo totalmente espiritual, ha de estar en el interior de las personas, y circunscribirse a su espacio privado.

lunes, 21 de junio de 2010

LA OPINIÓN DESCONOCIDA

Es aquella que la ofrece una persona que no conoces o bien aquella persona que desconoce el total del tema del que habla. Toda opinión es subjetiva, pues lleva implícita una carga personal muy marcada o al menos diferenciada de las demás.

Cuando opinamos, nos arriesgamos a dos cosas por encima de otras: a errar en nuestra opinión por darla partiendo de un conocimiento parcial del tema que tratamos, o bien acertar, cuando el conocimiento del tema es global.

Las importantes suelen ser estas últimas, las que abordan el tema desde el conocimiento del todo, o las que expresan una opinión totalmente personal desde la óptica del que vive de cerca una situación similar.

¿Qué importancia debemos dar a la opinión desconocida? Creo que la justa, si conocemos al interlocutor; respeto, si no lo conocemos; ignorarla, si parte de alguien que no conoces y además es ofensiva. Cuando quien te da su opinión es una persona que, además de conocerte, sabe a ciencia cierta de que va el tema, entonces debes de ser justo con los comentarios que puedas hacer sobre la opinión vertida. Debes de ser, sobre todo, tolerante con las cuestiones que no te gusten y aceptar la posibilidad de que pueden tener razón y no opinar lo mismo que tú. Si quien expresa su opinión no es conocido por ti, o no conoce de todo el tema, debemos respetar lo que dice, y replicar si no compartimos su opinión o simplemente aceptar lo dicho. Cuando no se conoce al interlocutor y además la opinión es ofensiva, resulta inútil entrar al trapo y discutir. Es suficiente con ignorar lo comentado. El viejo refranero español está al quite “no ofende quien quiere sino quien puede”.

Opinar es un ejercicio sano, libre, ideal para dejar salir nuestras verdaderas convicciones personales; pero también puede ser un ejerció de demagogia barata, donde se pretende sentar cátedra sobre otros, aun a riesgo de ser incongruente con uno mismo.

La opinión ha de ser manifestada desde el propio razonamiento, desde la convicción de que lo que está diciendo es realmente lo que piensa. Pensar lo que decimos y decir lo que pensamos. Muchos opinan de oídas, esos son los más peligrosos, pues su criterio depende de la emisora que escuche, de la cadena de televisión que vea, del equipo de sus amores….

La opinión desconocida es, por otro lado, una fuente de aprendizaje cuando quien la vierte es conocedor del tema que defiende o ataca, cuando en su exposición se manifiesta una idea que parte del conocimiento de lo que dice.

Opinar es gratis, y todo el mundo tiene derecho y debe hacerlo; bueno no todos, pues hay profesiones que al entrar a formar parte de ellas aceptas la renuncia a manifestar públicamente lo que piensas: como por ejemplo los militares en unas determinadas situaciones. ¿Podríamos imaginarnos un ejército donde los soldados opinasen libremente sobre las órdenes recibidas?

TEOLOGÍA

El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.

Han pasado los años. Yo ya no temo ni creso. Y en todo caso, pienso, si merezco se asado en la parilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia.

Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: “no codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno…” Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.

Cuanta razón hay en estas palabras, cuanta manipulación oculta tras las diferentes manifestaciones religiosas. ¿Acaso el hombre precisa en realidad que le manipulen hasta el límite de coartar su natural manera de ser?¿por qué ese empeño de los religiosos de entorpecer el contacto humano y el amor? Tal vez habría que ver qué se esconde en la doblez de las personas que un buen día idearon una manera de manejar a las masas de esta manera.

Galeano termina su texto manifestando que posiblemente Dios condena lo que ignora; yo añadiría que quizá Dios no exista, que es posible que la manipulación llegue de manos, precisamente, de quien conoce de primera mano estos actos y se siente sucio en su conciencia por haberlos hecho. Nada hay de malo en el contacto carnal, nada hay de malo en el carecer de fe, nada hay de malo en obviar uno tras otro unos preceptos, ajados por el paso del tiempo y atados, con nudos de siete vueltas a los miedos atávicos que han sido marcados a fuego con el paso de los siglos.

La religión, que un día Nietzsche denominó opio del pueblo, es necesaria única y exclusivamente porque el ser humano es fácilmente manipulable cuando carece de la cultura suficiente para defenderse de los argumentos fantásticos de quienes dicen poseer una alta formación. La religión, como la conocemos, no es más que el resultado de la manipulación de unas determinadas élites, en otros tiempos, para someter a las masas mayoritarias con el mínimo esfuerzo.