La sociedad, en general, se divide entre las personas que quieren conocer y las que no. Las que deciden vivir en un mundo o sociedad conocido para ellos y las que prefieren mantenerse en la ignorancia relativa de todo cuanto sucede alrededor, bajo la impresión de que así se pueden aislar de la realidad que les rodea.
Hay quién sigue creyendo que el desconocimiento de una obligación puede eximirle del deber de cumplirlo. Es posible que, en algún caso, legalmente sea así, otra cosa es moralmente.
En todo caso, la cuestión no estiva tanto en lo que no queremos conocer sino en aquellas cosas que nos ocultan, o en aquellas cosas que no tenemos fácilmente a nuestro alcance, o que simplemente no nos facilitan el acceso a ello.
Un ejemplo sería lo que está pasando realmente ahora en la central nuclear de Japón, ese lugar donde las informaciones son, casi siempre, manipuladas; y que esconde tras la pretensión de las cosas bien hechas, un desastre de proporciones dantescas que dejará un área de Japón inhabitable, casi inaccesible y seguramente con consecuencias dramáticas para los próximos veinte años. El que quiera pensar que lo que ha sucedido allí es controlable, y que los efectos negativos son tan pequeños como nos cuentan, es que jamás se ha molestado en leer artículos en profundidad sobre el alcance de un fallo tan grave como el que ha sucedido por el tsunami.
Tiende el ser humano a mirar para otro lado o a obviar lo que sucede fuera de las fronteras que habita, cuando los problemas no le afectan de manera inmediata, sin embargo, lo errores de la industria química o nuclear suelen tener consecuencias importantes; consecuencias que deberíamos pensar que son extrapolables a nuestra sociedad. Donde un accidente también es posible.
Si hablamos de problemas de índole social o cultural, como los malos tratos, la pederastia, la corrupción política… lo hacemos desde una ventana a la que casi nadie se quiere asomar cuando el olor a podredumbre nos coge cerca.
Es fácil mirar por el cristal lo que sucede en estos asuntos tan comunes, en otros países o comunidades. Cuando nos toca al lado tendemos a mirar para otro lado o, en el peor de los casos, a minimizarlo.
La ignorancia siempre ha sido muy atrevida, la ignorancia ha permitido a unos pocos “listos” aprovecharse del vulgo para beneficio propio. Lo desconocido tiende a temerse, por ello deberíamos emprender siempre el camino opuesto, el que lleva al descubrimiento para así, poder dejar el miedo a un lado.
No querer conocer lleva implícito un riesgo, el de darnos de bruces con la realidad, una realidad presente y a al vista, sin la posibilidad de llevarnos luego las manos a la cara en señal de sorpresa.
El conocimiento te hace libre; libre para pensar, para hacer, para negarte…simplemente para saber.
LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir
lunes, 28 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
CRECER CONTIGO Y A TU LADO
Cuando era niño soñaba con ser una persona mayor, no demasiado, pero mayor al fin y al cabo. Quería alcanzar el 1.95 de estatura, quizá influenciado entonces por la irrupción del baloncesto en nuestras casas a través de la televisión y de las narraciones de Ramón Trecet en aquellos partidos de NBA.
Crecer lleva implícito el descubrimiento de que uno es demasiado pequeño para según que circunstancias y eso…no es agradable.
Imagino que todos hemos tenido un desarrollo físico y personal con altos y bajos, con momentos intensos y otros casi desprovistos de interés.
En la edad adulta, en la que, ahora sí, ya me encuentro, el crecimiento obedece mucho más al intento de desarrollo interno, intelectual y afectivo.
Siempre me he preguntado ¿cuándo se es mayor? Porque realmente no es sencillo responder. Dependiendo del momento en el que la pregunta se formule la respuesta variará.
En mi opinión uno es verdaderamente mayor en el momento que comprende que su crecimiento interior nunca cesa, que siempre hay algo más que aprender y, con ello, el crecimiento no se detiene.
Las personas que nos rodean van a contribuir, o no, a ese desarrollo de manera tal que su influencia puede determinar en buena forma cómo vamos a crecer.
Desde que te conozco lo cierto es que muchos de los conceptos que yo tenía más o menos fijos los he tenido que modificar. Por un lado llegamos al lugar común desde puntos de partida diferentes lo que hace que llegados al punto de encuentro las vivencias sean diferentes.
El camino que nos queda por recorrer no será fácil, ni estará exento de dificultades, pero he aprendido en este tiempo que cualquier roca se convierte en arena si las personas quieren.
Calculo, y quiero pensar, que al menos estoy en la mitad de mi ciclo vital, así que tengo muchos años por delante para crecer. Deseo crecer en lo intelectual donde tu ayuda será inestimable y sé que puedo contar con ella. Quiero crecer a nivel afectivo y ahí tu participación será el 50% de la ecuación. Y todo lo deseo hacer cerca de ti, a tu lado.
Uno, con el paso de los años, va aprendiendo a separar de su vida a quienes aportan poco o nada. Participan de la vida de uno quienes dejan una huella tras su paso, quienes apenas dejan una estela, los que renuevan el aire con su ausencia…
Es muy fácil decidir dónde quieres estar y con quién; acertar es otra historia, y la mía, como la de muchos, está plagada de errores de cálculo; de momentos de ceguera transitoria, de errores de bulto, de aciertos, de descubrimientos… situarme a tu vera supone para mí una parada y fonda, un lugar en el que quiero y deseo quedarme.
Será el paso del tiempo y las fortaleza de este lugar común en el que nos estamos encontrando, quien determinará si al final de mi camino tú estarás allí.
Crecer lleva implícito el descubrimiento de que uno es demasiado pequeño para según que circunstancias y eso…no es agradable.
Imagino que todos hemos tenido un desarrollo físico y personal con altos y bajos, con momentos intensos y otros casi desprovistos de interés.
En la edad adulta, en la que, ahora sí, ya me encuentro, el crecimiento obedece mucho más al intento de desarrollo interno, intelectual y afectivo.
Siempre me he preguntado ¿cuándo se es mayor? Porque realmente no es sencillo responder. Dependiendo del momento en el que la pregunta se formule la respuesta variará.
En mi opinión uno es verdaderamente mayor en el momento que comprende que su crecimiento interior nunca cesa, que siempre hay algo más que aprender y, con ello, el crecimiento no se detiene.
Las personas que nos rodean van a contribuir, o no, a ese desarrollo de manera tal que su influencia puede determinar en buena forma cómo vamos a crecer.
Desde que te conozco lo cierto es que muchos de los conceptos que yo tenía más o menos fijos los he tenido que modificar. Por un lado llegamos al lugar común desde puntos de partida diferentes lo que hace que llegados al punto de encuentro las vivencias sean diferentes.
El camino que nos queda por recorrer no será fácil, ni estará exento de dificultades, pero he aprendido en este tiempo que cualquier roca se convierte en arena si las personas quieren.
Calculo, y quiero pensar, que al menos estoy en la mitad de mi ciclo vital, así que tengo muchos años por delante para crecer. Deseo crecer en lo intelectual donde tu ayuda será inestimable y sé que puedo contar con ella. Quiero crecer a nivel afectivo y ahí tu participación será el 50% de la ecuación. Y todo lo deseo hacer cerca de ti, a tu lado.
Uno, con el paso de los años, va aprendiendo a separar de su vida a quienes aportan poco o nada. Participan de la vida de uno quienes dejan una huella tras su paso, quienes apenas dejan una estela, los que renuevan el aire con su ausencia…
Es muy fácil decidir dónde quieres estar y con quién; acertar es otra historia, y la mía, como la de muchos, está plagada de errores de cálculo; de momentos de ceguera transitoria, de errores de bulto, de aciertos, de descubrimientos… situarme a tu vera supone para mí una parada y fonda, un lugar en el que quiero y deseo quedarme.
Será el paso del tiempo y las fortaleza de este lugar común en el que nos estamos encontrando, quien determinará si al final de mi camino tú estarás allí.
miércoles, 23 de marzo de 2011
ECONOMÍA SOSTENIBLE
¿Es la economía sostenible un camelo? ¿Cabe, en el entorno de la economía actual, un desarrollo económico como el que propone?
Son preguntas que muchos de los que somos legos en economía nos planteamos. Por un lado nos quieren vender la posibilidad de un desarrollo sostenible basado en la utilización de los recursos necesarios sin merma para necesidades futuras. La realidad nos indica que el grueso del mundo occidental se dedica a la expoliación de los recursos en beneficio propio; que la manipulación burda de los coeficientes económicos y de los ratios es moneda común, etc.
Soy de los que he creído siempre que la tierra tiene suficientes recursos como para mantener a la población que ahora tiene e incluso mucho más. El problema no es sólo el consumo energético por parte de los países más desarrollados, sino el expolio que estos hacen de los recursos que necesitan los menos desarrollados.
En la síntesis de la economía sostenible se encuentra el no terminar con los recursos que generaciones venideras vayan a necesitar; sin embargo los países que se proponen llevar a cabo este cambio de una economía capitalista de aglutinación a una economía basada en la sostenibilidad, son los mismos que ahora se aprovechan de los recursos comunes. La credibilidad, por tanto, está en entredicho.
No se trata de hacer una regresión en busca de la redistribución de la tierra, un pensamiento utópico y alejado de la realidad, pero sí se trata de aprender un poco de quienes hacen de los recursos naturales un sustento habitual.
Para desarrollar adecuadamente una economía sostenible real, es necesaria una mayor implicación de los países que detentan el cetro económico y que, en modo alguno tiene intención de hacerlo. Tanto Estados Unidos como China se mueven en otra onda, por no hablar de Rusia y los países satélites, que desconocen, no sólo el término, sino que se niegan a adoptarlo.
Creo que la economía sostenible se ceñirá a los países europeos, que con el tiempo serán un parque temático para los demás. Europa lleva camino de ser un lugar de visita cultural, carente de más recursos que los intelectuales y ello, en tanto en cuanto sea capaz de parar el goteo incesante de cerebros que se van hasta naciones dispuestas a implementar los recursos necesarios para que lleven a cabo sus proyectos. Proyectos que, naturalmente, son la consecuencia de una formación aprendida en regiones capitalistas cuya economía, a día de hoy, nada entiende de sostenibilidad.
Esta quimera debe fundamentarse en una formación de inicio, en un aprendizaje social que debe comenzar en la escuela y que, con paciencia, hará de las futuras generaciones los ejecutores necesarios de las reformas precisas para asentar un proyecto como éste.
Son preguntas que muchos de los que somos legos en economía nos planteamos. Por un lado nos quieren vender la posibilidad de un desarrollo sostenible basado en la utilización de los recursos necesarios sin merma para necesidades futuras. La realidad nos indica que el grueso del mundo occidental se dedica a la expoliación de los recursos en beneficio propio; que la manipulación burda de los coeficientes económicos y de los ratios es moneda común, etc.
Soy de los que he creído siempre que la tierra tiene suficientes recursos como para mantener a la población que ahora tiene e incluso mucho más. El problema no es sólo el consumo energético por parte de los países más desarrollados, sino el expolio que estos hacen de los recursos que necesitan los menos desarrollados.
En la síntesis de la economía sostenible se encuentra el no terminar con los recursos que generaciones venideras vayan a necesitar; sin embargo los países que se proponen llevar a cabo este cambio de una economía capitalista de aglutinación a una economía basada en la sostenibilidad, son los mismos que ahora se aprovechan de los recursos comunes. La credibilidad, por tanto, está en entredicho.
No se trata de hacer una regresión en busca de la redistribución de la tierra, un pensamiento utópico y alejado de la realidad, pero sí se trata de aprender un poco de quienes hacen de los recursos naturales un sustento habitual.
Para desarrollar adecuadamente una economía sostenible real, es necesaria una mayor implicación de los países que detentan el cetro económico y que, en modo alguno tiene intención de hacerlo. Tanto Estados Unidos como China se mueven en otra onda, por no hablar de Rusia y los países satélites, que desconocen, no sólo el término, sino que se niegan a adoptarlo.
Creo que la economía sostenible se ceñirá a los países europeos, que con el tiempo serán un parque temático para los demás. Europa lleva camino de ser un lugar de visita cultural, carente de más recursos que los intelectuales y ello, en tanto en cuanto sea capaz de parar el goteo incesante de cerebros que se van hasta naciones dispuestas a implementar los recursos necesarios para que lleven a cabo sus proyectos. Proyectos que, naturalmente, son la consecuencia de una formación aprendida en regiones capitalistas cuya economía, a día de hoy, nada entiende de sostenibilidad.
Esta quimera debe fundamentarse en una formación de inicio, en un aprendizaje social que debe comenzar en la escuela y que, con paciencia, hará de las futuras generaciones los ejecutores necesarios de las reformas precisas para asentar un proyecto como éste.
martes, 22 de marzo de 2011
OTRA GUERRA MÁS
En estos momentos en el mundo se desarrollan al menos una treintena larga de conflictos armados; la mayoría invisibles para buena parte de la población. No son noticia en los medios de comunicación y, por lo tanto, para una inmensa mayoría, simplemente, no existen.
En un mundo globalizado donde las tensiones de la corteza terrestre manifestadas brutalmente en Japón son tan próximas que pareciese que la central nuclear está aquí al lado, las guerras en el África sub-sahariana o en Asia no importan porque, al no aparecer en los medios de comunicación, son menos importantes, menos graves, menos dañinas.
Y claro que lo son, porque la conciencia social del mundo desarrollado se fundamenta en la importancia de lo inmediato ante lo lejano. No somos una sociedad que nos preocupemos realmente por otras sociedades, sino que nos preocupan aquellos problemas que un día pueden ser nuestros. El ejemplo está en que no nos preocupan las víctimas del terremoto, toda vez que aquí difícilmente se producirá, sino los daños de una central nuclear ya que aquí sí las tenemos.
Lo que sucede en Sudán, en Costa de Marfil, o cualquier otro país similar no lo vemos como un problema para nosotros pues difícilmente nos vemos reflejados en esas sociedades y sus problemas no forman parte de nuestro orden social. Ni siquiera cuando la Guerra de los Balcanes estuvo en su máximo apogeo nos preocupó demasiado.
Libia lleva con Gadaffi desde hace más de treinta años, y sólo ha sido noticia cuando los americanos se han enfrentado a él o ahora, cuando la comunidad internacional ha reaccionado tarde y mal contra un sátrapa que martiriza a su pueblo. La conciencia moral del mundo occidental hace que nos echemos las manos a la cabeza ahora cuando este individuo lleva décadas gobernando un vasto territorio como le da la gana, pero claro, poderoso es el gas y el petróleo.
La de Libia será una guerra más, una de tantas. Que se mantendrá en candelero en tanto en cuanto el cacique siga en el poder. Aunque las consecuencias las pagaremos todos de nuestro bolsillo.
El mundo musulmán lleva meses convulsionándose por las revueltas sociales, unas revueltas que se producen en una población hastiada de verse sometida al yugo de dictadores militares o eclesiásticos pero qué, en modo alguno desean tener a occidentales en su territorio. Ni quieren una democracia como la nuestra, ni el mismo sistema de vida… quieren mejorar, pero no saltar a un cuadrilátero en el cual no se sentirían cómodos.
En Libia ha muerto gente y morirá mucha más, quien sabe si incluso occidentales; auque sería deseable que no pisásemos esa tierra, tan árida y dura que sólo los locales la encuentran cómoda.
No hace mucho tiempo a una periodista de TVE la despidieron por decir que era una pena tener que invadir un país para echar al dictador. El tiempo le dio la razón en todo, fue readmitida e Irak no está mejor (no tiene un dictador pero tiene señores de la guerra). Ojalá ningún periodista tenga que invocar las palabras que ese día, Ángela Rodicio, dijo públicamente. Sería la constatación de que algo habríamos aprendido…
En un mundo globalizado donde las tensiones de la corteza terrestre manifestadas brutalmente en Japón son tan próximas que pareciese que la central nuclear está aquí al lado, las guerras en el África sub-sahariana o en Asia no importan porque, al no aparecer en los medios de comunicación, son menos importantes, menos graves, menos dañinas.
Y claro que lo son, porque la conciencia social del mundo desarrollado se fundamenta en la importancia de lo inmediato ante lo lejano. No somos una sociedad que nos preocupemos realmente por otras sociedades, sino que nos preocupan aquellos problemas que un día pueden ser nuestros. El ejemplo está en que no nos preocupan las víctimas del terremoto, toda vez que aquí difícilmente se producirá, sino los daños de una central nuclear ya que aquí sí las tenemos.
Lo que sucede en Sudán, en Costa de Marfil, o cualquier otro país similar no lo vemos como un problema para nosotros pues difícilmente nos vemos reflejados en esas sociedades y sus problemas no forman parte de nuestro orden social. Ni siquiera cuando la Guerra de los Balcanes estuvo en su máximo apogeo nos preocupó demasiado.
Libia lleva con Gadaffi desde hace más de treinta años, y sólo ha sido noticia cuando los americanos se han enfrentado a él o ahora, cuando la comunidad internacional ha reaccionado tarde y mal contra un sátrapa que martiriza a su pueblo. La conciencia moral del mundo occidental hace que nos echemos las manos a la cabeza ahora cuando este individuo lleva décadas gobernando un vasto territorio como le da la gana, pero claro, poderoso es el gas y el petróleo.
La de Libia será una guerra más, una de tantas. Que se mantendrá en candelero en tanto en cuanto el cacique siga en el poder. Aunque las consecuencias las pagaremos todos de nuestro bolsillo.
El mundo musulmán lleva meses convulsionándose por las revueltas sociales, unas revueltas que se producen en una población hastiada de verse sometida al yugo de dictadores militares o eclesiásticos pero qué, en modo alguno desean tener a occidentales en su territorio. Ni quieren una democracia como la nuestra, ni el mismo sistema de vida… quieren mejorar, pero no saltar a un cuadrilátero en el cual no se sentirían cómodos.
En Libia ha muerto gente y morirá mucha más, quien sabe si incluso occidentales; auque sería deseable que no pisásemos esa tierra, tan árida y dura que sólo los locales la encuentran cómoda.
No hace mucho tiempo a una periodista de TVE la despidieron por decir que era una pena tener que invadir un país para echar al dictador. El tiempo le dio la razón en todo, fue readmitida e Irak no está mejor (no tiene un dictador pero tiene señores de la guerra). Ojalá ningún periodista tenga que invocar las palabras que ese día, Ángela Rodicio, dijo públicamente. Sería la constatación de que algo habríamos aprendido…
COMIENZA EL VIAJE
Cuando emprende la aventura de organizar un viaje, éste da comienzo en el preciso instante en el qué, sobre un papel, plasmas las primeras ideas de lo que quieres hacer y dónde.
Los primeros momentos se inician, hoy día, con una búsqueda en profundidad por este universo binario que es la red. Destinos, vuelos, alojamientos, etc. Con el paso de las horas uno va convirtiéndose en experto conocedor de las rutas que nos llevan al destino deseado.
Calculados los gastos, las distancias, los comos y los cuandos da comienzo el paso siguiente.
La intendencia difiere en función del tipo de viaje que vamos a realizar. Cuando se trata de volar, a la vista de las tarifas, tratamos de meter en una maleta lo imposible para que pese lo improbable. Finalmente terminamos por llevar de más y pagar o de menos y comprar; el resultado final siempre es semejante.
Soy de viajar en coche, siempre lo he sido por múltiples condicionantes. Sobre todo hay uno que hace que siempre que pueda me incline hacia este medio de transporte: la posibilidad de ir donde uno quiere, parar cuando apetece y detenerse donde plazca.
Al hacer el viaje en coche tu único límite es la capacidad del vehículo, así que siempre terminas por llevar demasiadas cosas y siempre te faltará alguna. Aun así organizar la intendencia para el coche es…abrumador. Entra de todo, cabe casi todo y siempre dejarás en casa algo que seguro es imprescindible…y aún así, compensa.
Los viajes vacacionales representan para muchos el principio del fin, el reconocimiento de la imposibilidad de vivir con alguien con quien llevas mucho tiempo y que apenas conoces; para otros supone, por el contrario, una oportunidad bárbara para disfrutar de su pareja, de sus hijos, del momento; para encontrarse de nuevo y disfrutar de esos instantes.
Son éstos últimos los que más fotografías realizan, toda vez que quieren guardarse tantos recuerdos como sean necesarios.
Qué sería de un viaje sin cámara, y por lo tanto, sin fotos absurdas… porque…mira que no hacemos fotografías difíciles en vacaciones. Tendemos a fotografiar todo cuando está a nuestro alrededor, por más que, tal vez, tengamos lo mismo a cien metros de casa; pero claro…no está en nuestras vacaciones sino en nuestra monotonía y por ende no le prestamos atención.
Dicen que un largo viaje comienza con el primer paso… llega Semana Santa y muchos daremos ese primer paso….
Los primeros momentos se inician, hoy día, con una búsqueda en profundidad por este universo binario que es la red. Destinos, vuelos, alojamientos, etc. Con el paso de las horas uno va convirtiéndose en experto conocedor de las rutas que nos llevan al destino deseado.
Calculados los gastos, las distancias, los comos y los cuandos da comienzo el paso siguiente.
La intendencia difiere en función del tipo de viaje que vamos a realizar. Cuando se trata de volar, a la vista de las tarifas, tratamos de meter en una maleta lo imposible para que pese lo improbable. Finalmente terminamos por llevar de más y pagar o de menos y comprar; el resultado final siempre es semejante.
Soy de viajar en coche, siempre lo he sido por múltiples condicionantes. Sobre todo hay uno que hace que siempre que pueda me incline hacia este medio de transporte: la posibilidad de ir donde uno quiere, parar cuando apetece y detenerse donde plazca.
Al hacer el viaje en coche tu único límite es la capacidad del vehículo, así que siempre terminas por llevar demasiadas cosas y siempre te faltará alguna. Aun así organizar la intendencia para el coche es…abrumador. Entra de todo, cabe casi todo y siempre dejarás en casa algo que seguro es imprescindible…y aún así, compensa.
Los viajes vacacionales representan para muchos el principio del fin, el reconocimiento de la imposibilidad de vivir con alguien con quien llevas mucho tiempo y que apenas conoces; para otros supone, por el contrario, una oportunidad bárbara para disfrutar de su pareja, de sus hijos, del momento; para encontrarse de nuevo y disfrutar de esos instantes.
Son éstos últimos los que más fotografías realizan, toda vez que quieren guardarse tantos recuerdos como sean necesarios.
Qué sería de un viaje sin cámara, y por lo tanto, sin fotos absurdas… porque…mira que no hacemos fotografías difíciles en vacaciones. Tendemos a fotografiar todo cuando está a nuestro alrededor, por más que, tal vez, tengamos lo mismo a cien metros de casa; pero claro…no está en nuestras vacaciones sino en nuestra monotonía y por ende no le prestamos atención.
Dicen que un largo viaje comienza con el primer paso… llega Semana Santa y muchos daremos ese primer paso….
lunes, 21 de marzo de 2011
PENSAR
No existen verdades absolutas, nadie tiene la certeza de nada o de casi nada pues con la muerte se puede especular mas la única realidad es que ocurre y nadie ha demostrado lo contrario.
Buena parte de la humanidad necesita creer en verdades reveladas, en absolutos en los que confiar ciegamente dado que de lo contrario su universo se desmoronaría.
El ser humano tiene la capacidad de pensar, de cuestionarse si las cosas están bien o mal, si las verdades que nos venden como tales lo son en realidad o responden a intereses humanos para coartar la libertad del resto de la especie.
La red neuronal que se acumula en nuestro cerebro nos diferencia de los demás seres vivos en que la sinapsis que se produce entre las neuronas es capaz de desencadenar la capacidad de pensar, de sentir y de transmitir lo que sentimos.
El pensamiento abstracto debería hacernos especiales, y de hecho lo somos, pero…buena parte de las capacidades que tenemos las desvían muchos a llenar la vida de los demás de abruptos badenes.
Somos grupales, necesitamos aglutinar esfuerzos en torno a un líder, a alguien que cuantifique nuestras posibilidades; tan sólo unos pocos se convierten en anarquistas morales y sociales, individualistas que fundamentan su existencia en una libertad que casi siempre termina cercenando la libertad de el de al lado.
Me he cuestionado a lo largo de mi vida muchas cosas, y cada día encuentro temas nuevos que cuestionarme. Ello no implica que esté en contra de ellos, ni mucho menos, sino que me planteo ante ellos los diferentes puntos de vista. Así, mi reacción antes ellos, será de una manera u otra según las conclusiones que saque de mis reflexiones.
Cuando abrimos un periódico, escuchamos una emisora de radio o vemos la tele no podemos hacerlos como una esponja, sino desde un punto de vista analítico, crítico si se puede. Sólo así podremos subsistir en un mundo donde las noticias se convierten en hipérboles de la realidad, cuando no en vanidosas opiniones interesadas de quienes publican distorsiones de la realidad que contemplan.
La capacidad de pensar nos ha sido otorgada y es un bien que debemos aprovechar, que tenemos utilizar en nuestro provecho primero y en el de la sociedad a continuación. Mas pensar duele, y lo hace con intensidad, cuando la reflexión se acentúa sobre nuestros actos o los de otros que pueden afectar a nuestra vida. Unos evitan el pensamiento en una huida hacia delante hasta que el muro de la realidad frena sus viaje a ninguna parte…para los que piensan siempre quedará la oportunidad de rectificar, que jamás evitará el sufrimiento ni el dolor, pero al menos da herramientas para soportarlo.
Buena parte de la humanidad necesita creer en verdades reveladas, en absolutos en los que confiar ciegamente dado que de lo contrario su universo se desmoronaría.
El ser humano tiene la capacidad de pensar, de cuestionarse si las cosas están bien o mal, si las verdades que nos venden como tales lo son en realidad o responden a intereses humanos para coartar la libertad del resto de la especie.
La red neuronal que se acumula en nuestro cerebro nos diferencia de los demás seres vivos en que la sinapsis que se produce entre las neuronas es capaz de desencadenar la capacidad de pensar, de sentir y de transmitir lo que sentimos.
El pensamiento abstracto debería hacernos especiales, y de hecho lo somos, pero…buena parte de las capacidades que tenemos las desvían muchos a llenar la vida de los demás de abruptos badenes.
Somos grupales, necesitamos aglutinar esfuerzos en torno a un líder, a alguien que cuantifique nuestras posibilidades; tan sólo unos pocos se convierten en anarquistas morales y sociales, individualistas que fundamentan su existencia en una libertad que casi siempre termina cercenando la libertad de el de al lado.
Me he cuestionado a lo largo de mi vida muchas cosas, y cada día encuentro temas nuevos que cuestionarme. Ello no implica que esté en contra de ellos, ni mucho menos, sino que me planteo ante ellos los diferentes puntos de vista. Así, mi reacción antes ellos, será de una manera u otra según las conclusiones que saque de mis reflexiones.
Cuando abrimos un periódico, escuchamos una emisora de radio o vemos la tele no podemos hacerlos como una esponja, sino desde un punto de vista analítico, crítico si se puede. Sólo así podremos subsistir en un mundo donde las noticias se convierten en hipérboles de la realidad, cuando no en vanidosas opiniones interesadas de quienes publican distorsiones de la realidad que contemplan.
La capacidad de pensar nos ha sido otorgada y es un bien que debemos aprovechar, que tenemos utilizar en nuestro provecho primero y en el de la sociedad a continuación. Mas pensar duele, y lo hace con intensidad, cuando la reflexión se acentúa sobre nuestros actos o los de otros que pueden afectar a nuestra vida. Unos evitan el pensamiento en una huida hacia delante hasta que el muro de la realidad frena sus viaje a ninguna parte…para los que piensan siempre quedará la oportunidad de rectificar, que jamás evitará el sufrimiento ni el dolor, pero al menos da herramientas para soportarlo.
¿QUÉ CLASE DE PAÍS QUEREMOS PARA NUESTROS HIJOS?
Estamos viviendo una época difícil, un momento en el que los criterios económicos están imponiéndose más que nunca sobre los criterios socio – históricos. De un tiempo a esta parte, aunque siempre ha sido así, los términos económicos están presentes en todos los medios de comunicación como una suerte de mantra que repiten una y otra vez todos los medios de comunicación.
Cada día que pasa, sobre todo desde el comienzo de la crisis, incorporamos a nuestro vocabulario habitual términos que no formarían parte de nuestro modo de comunicarnos de no estar ahogados por el fiasco económico del sistema capitalista en el que vivimos.
Llegados a este punto convendría hacer una reflexión seria sobre el país que queremos tener; no es un asunto baladí, y mucho menos algo que debemos dejar correr como hacemos habitualmente. La sociedad debe manifestar a los políticos el camino que deben tomar realmente y no el que ellos piensan que queremos que tomen.
Desde mi humilde punto de vista España debería acometer reformas importantes en el plazo de tiempo más breve posible. Y no hablo de las manidas reformas estructurales que forman parte de ese lenguaje tan ambiguo como ambivalente que tanto sirve para un roto como para un descosido. Hablo de que esta es una tierra donde los niveles de productividad están entre los más bajos de Europa, hablo de un país que fundamenta su economía fundamentalmente en el sector servicios y, por tanto, está supeditada a cosas tan volubles como el clima.
Cuando un país quiere estar en al vanguardia del mundo desarrollado deber destinar, sin recortes, buena parte de su PIB a I+D+I. Y debe de hacerlo de forma sostenida en el tiempo, garantizando a los que investigan una aportación económica suficiente como para llevar a buen puerto sus investigaciones y que las patentes se queden aquí, y no terminemos enviando a nuestras mejores cabezas a otros lugares para que sean esos países los que se lleven todo.
Nuestra clase dirigente es mala, no está bien formada y pertenece a esa clase de políticos que antepondrán siempre sus intereses de partido frente a los intereses nacionales. Sería difícil encontrar aquí un gobierno que acometa las reformas que son necesarias en lugar de las que le garantizan votos. Aunque es posible que, en el ocaso de sus mandatos, como ahora mismo, se acometan las verdaderas revoluciones; lejos sin embargo de las necesarias.
Si uno tiene una familia, con niños pequeños, debe pensar qué exigir, qué clase de país quiere; no existe otra manera.
En poco tiempo (históricamente hablando) hemos pasado de una economía ficticia (dictadura) por una economía irreal (la de las subvenciones europeas) hasta una economía hiper – realista (la de la crisis actual) y en todo este espacio temporal no hemos aprendido otra cosa que a vivir por encima de nuestras posibilidades, sin aprender que para mantener y sostener el tan preciado Estado de Bienestar, es preciso sacrificarse, afrontar realidades y sobre todo trabajar bien, que no más.
Los próximos veinticinco años serán diferentes a los que ya hemos vivido. En el horizonte nuevas potencias aglutinarán buena parte de los recursos que una gran mayoría de países tendrán que producir. Contra las nuevas potencias y los productores de bajo coste, nuestro país sólo podrá competir en tecnología punta, en productividad… de no caminar en esa dirección terminaremos siendo un punto negro en medio de una Unión Europea que nos apretará cada día más.
Cada día que pasa, sobre todo desde el comienzo de la crisis, incorporamos a nuestro vocabulario habitual términos que no formarían parte de nuestro modo de comunicarnos de no estar ahogados por el fiasco económico del sistema capitalista en el que vivimos.
Llegados a este punto convendría hacer una reflexión seria sobre el país que queremos tener; no es un asunto baladí, y mucho menos algo que debemos dejar correr como hacemos habitualmente. La sociedad debe manifestar a los políticos el camino que deben tomar realmente y no el que ellos piensan que queremos que tomen.
Desde mi humilde punto de vista España debería acometer reformas importantes en el plazo de tiempo más breve posible. Y no hablo de las manidas reformas estructurales que forman parte de ese lenguaje tan ambiguo como ambivalente que tanto sirve para un roto como para un descosido. Hablo de que esta es una tierra donde los niveles de productividad están entre los más bajos de Europa, hablo de un país que fundamenta su economía fundamentalmente en el sector servicios y, por tanto, está supeditada a cosas tan volubles como el clima.
Cuando un país quiere estar en al vanguardia del mundo desarrollado deber destinar, sin recortes, buena parte de su PIB a I+D+I. Y debe de hacerlo de forma sostenida en el tiempo, garantizando a los que investigan una aportación económica suficiente como para llevar a buen puerto sus investigaciones y que las patentes se queden aquí, y no terminemos enviando a nuestras mejores cabezas a otros lugares para que sean esos países los que se lleven todo.
Nuestra clase dirigente es mala, no está bien formada y pertenece a esa clase de políticos que antepondrán siempre sus intereses de partido frente a los intereses nacionales. Sería difícil encontrar aquí un gobierno que acometa las reformas que son necesarias en lugar de las que le garantizan votos. Aunque es posible que, en el ocaso de sus mandatos, como ahora mismo, se acometan las verdaderas revoluciones; lejos sin embargo de las necesarias.
Si uno tiene una familia, con niños pequeños, debe pensar qué exigir, qué clase de país quiere; no existe otra manera.
En poco tiempo (históricamente hablando) hemos pasado de una economía ficticia (dictadura) por una economía irreal (la de las subvenciones europeas) hasta una economía hiper – realista (la de la crisis actual) y en todo este espacio temporal no hemos aprendido otra cosa que a vivir por encima de nuestras posibilidades, sin aprender que para mantener y sostener el tan preciado Estado de Bienestar, es preciso sacrificarse, afrontar realidades y sobre todo trabajar bien, que no más.
Los próximos veinticinco años serán diferentes a los que ya hemos vivido. En el horizonte nuevas potencias aglutinarán buena parte de los recursos que una gran mayoría de países tendrán que producir. Contra las nuevas potencias y los productores de bajo coste, nuestro país sólo podrá competir en tecnología punta, en productividad… de no caminar en esa dirección terminaremos siendo un punto negro en medio de una Unión Europea que nos apretará cada día más.
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