LUGARES PARA SOÑAR

LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir

sábado, 29 de diciembre de 2012

ELLA ES Y SERÁ TODO PARA MI

Este es el título de una canción que compuso Carlos Goñi para su grupo, Revolver. Un título que aglutina todo aquello que ella significa en mi vida. Ahora que ya ha cumplido nueve años, y que cada vez su capacidad para comunicar aquello que siente y quiere es mayor, se me antoja más imprescindible contar cómo me siento. Porque uno es padre desde el mismo momento de que es consciente de que, efectivamente, lo es. No tiene porque ser en otro momento. Una madre sabe desde cuando es madre, un padre no siempre. La cuestión es que, desde el momento en que fui consciente de su existencia supe que algo había cambiado para mí desde ese instante y para siempre. Hay un antes y un después. El antes no importa, es después es todo lo que sigue. Cada paso que das, cada decisión que tomas debe de ir sopesada con las implicaciones que pueda tener para con tu hija. A fin de cuentas nada es más importante. Ella es y será todo para mí, porque es lo más valioso que tengo. Uno quiere a sus padres, uno quiere a los amigos, pero a un hijo.. a un hijo se le quiere de otra manera. Y más cuando todavía la reciprocidad de afectos se manifiesta en cada instante. Tiempo habrá para que sus afectos la lleven a un camino donde deba dejar a un lado un cariño imperecedero en la búsqueda de un cariño diferente pero intenso al que todos llegamos a trompicones. Cada beso de buenas noches se convierte en una suerte de compañía continua que se difumina en los brazos de Morfeo. Cada beso de buenos días implica el comienzo de una nueva experiencia en la vida. He descubierto que cada día en la vida de mi hija cuando está a mi lado es un día diferente en la vida de ambos. Para ella es un aprendizaje continuo, la posibilidad de descubrir tras cada esquina. Para mí es un camino nuevo que surge tras la cara de sorpresa. Las preguntas y las respuestas; los deseos y las negativas; los llantos y las risas...todo este complejo entramado de interacciones para las que nadie te entrena, van marcando en tu vida un completo mapa de sentimientos. Un plano sobre el que ella puede incorporarse con la seguridad de que aquello es suyo. A medida que ha ido creciendo su dulzura se ha ido intensificando, o quizá yo me esté haciendo más receptivo a una sensibilidad que no tenía tan acentuada. Lo cierto es que además de hacerme mejor persona, me está haciendo más sensible. Corriendo el riesgo, a este paso, de terminar mis días como una plañidera.. Ella es y será todo para mí.

LA NECESIDAD DE COMUNICARSE

Si uno mira atrás en el tiempo y recuerda como era su vida a mediados de los noventa, se encontraría conque las cosas no sólo han evolucionado mucho sino que en menos de veinte años hemos pasado de hablarnos una vez a la semana por teléfono y mantener todavía relaciones epistolares con la familia y parejas, a tener una vida en la que la comunicación va por delante de los hechos. Parece que en el mundo actual las cosas van más deprisa, que suceden más cosas, que ahora se dan circunstancias que antes no se daban, etc... y no es cierto. Antes ocurrían cosas, lo que pasaba es que no te enterabas hasta mucho tiempo más tarde...si lo hacías. Ahora alguien roba una mandarina en Almería y lo sabemos en Ourense casi antes de que el autor de los hechos ponga su mano en la fruta. La necesidad de comunicarnos nos tiene ahora atados a los teléfonos móviles, apéndices postizos que apenas somos capaces de dejar a un palmo cuando nos metemos en la ducha (esto hasta que los hagan impermeables del todo). Vivimos la era del decir, del trasladar a otro cualquier cosa por peregrina que sea. La gratuidad en las comunicaciones vía Internet o vía móvil es algo valioso que, sin duda, ha mejorado mucho las cosas en una sociedad tan avanzada como la nuestra. Pero no es menos cierto que también ha traído consigo una serie de vicios de fábrica que difícilmente nos quitaremos de encima. Por una lado está el deseo de controlar que todo ser humano tiene. Controlar lo que el otro hace, cuando está despierto, duerme, escribe, habla... La transmisión, además, de imágenes en tiempo real ha logrado que circulen por la red insustanciales instantáneas de absurdos momentos sin el más mínimo interés o, en todo caso, el interés de quien estrena un nuevo aparato digital con que el pretende ilustrar a otro. Cuando las fotos había que revelarlas nos cuidábamos de hacer fotos estúpidas, bastante tenía uno con ser un manazas y aprovechar diez o doce de un carrete de 24. Hoy, cuando llegamos a una cena de amigos en la otra punta del planeta es posible que un lugareño desde la tumbona nos diga: “me gusta tu cocina”... como si te fuese a importar su opinión. A los genios que controlan las comunicaciones el mundo les debe de ir de maravilla. Cada día nos crean una necesidad nueva que no sabíamos que existía hasta el instante anterior a abrir el correo o leer un wathsapp. En el manual de la estupidez humana hay un lugar reservado para aquellos que terminamos tropezando una y otra vez en la piedra tecnológica nueva que nos van colocando. Estoy seguro de que el 90% de la población que tenemos teléfonos inteligentes no utilizamos ni una décima parte de su potencial, pero ahí están. Es como comprar un Porche para circular después por una carretera a treinta kilómetros por hora...pero ahí lo tenemos, protegido con fundas, plásticos.... La necesidad de comunicarnos...

viernes, 21 de diciembre de 2012

YA QUE NO ES EL FIN...QUE TAL SI COMENZAMOS

A estas alturas del día parece claro que las predicciones no se cumplirán, como no lo hicieron antes otras (como la del famoso efecto 2000). De todos modos, y ya que muchos sí creían que sería el fin del mundo o de una era, o de un partido, podríamos aprovechar y comenzar de nuevo con algunos temas que se han quedado un tanto atrasados en el tiempo. Es el momento, ya que la Iglesia ha cambiado el Belén estos días, de añadir un nuevo Sacramento a los siete que ya tienen. Tras el Matrimonio sería bueno santificar el Divorcio. A fin de cuentas el matrimonio es la principal causa de divorcio y cada vez hay más. Ellos, la Curia, sabe que el negocio está ahí, pero tal vez no sean muy aperturistas todavía. De todos modos cuando la necesidad apriete de verdad santificarán el divorcio, las bodas entre homosexuales y lesbianas, el re-casamiento y lo que sea menester. Buenos son ellos. Desear que se terminen las Guerras en el mundo es algo tan inocente como pretender que los políticos actuales sean honestos. Pero sí podríamos hacer más por presionar a estos mismos políticos y decirles que si nos meten en conflictos no les votaremos. Los conflictos armados son el resultado de la necesidad de la industria armamentística de generar “enemigos” contra los que disparar todo cuanto fabrican. La paz nunca ha sido negocio, a no ser que sea impuesta por las armas. El mundo produce suficiente comida como para abastecer toda la demanda que existe. Entonces ¿por qué hay hambre en el mundo? Pues sencillo, porque unos estamos del lado de los que joden y otros se sitúan del lado de los que se joden. El mundo occidental sólo se acuerda de quienes no tienen para comer cuando una imagen nos impacta en televisión, mientras tanto desperdiciamos la mitad de lo que compramos. ¿es culpa nuestra? Sí, claro que sí, pero nos gusta decir que son otros los que deciden. Puede que sea tiempo de reiniciarnos y buscar, de verdad, la producción sostenible (aunque sólo sea un deseo utópico). La violencia contra las mujeres y los niños sigue presente, podemos desear que se erradique, lo cual está bien pero...si reflexionamos seriamente ¿cuantos miran para otro lado? ¿por qué lo permitimos? Pues porque hay mucho de atavismo en la violencia y porque nos miramos con demasiada frecuencia el ombligo sin percatarnos de que a pocos metros alguien no tiene ni la oportunidad de mirárselo. Estoy seguro de que todos encontraríamos mil y una causa que pulula a nuestro alrededor que merecería ser cambiada, reiniciada de otro modo. Tenemos las herramientas, tenemos las posibilidades, incluso tenemos la responsabilidad de cambiarlas. Entonces...¿por qué no lo hacemos?¿por qué año tras año deseamos lo mismo si después no hacemos nada? Es fácil de comprender. En este mundo en el que vivo, nos han enseñado a mirar sólo al espejo y descubrirnos cada mañana un poco mejor, aunque para ello precisemos guerras, hambre, violencia, corrupción... No somos meros observadores, aunque nos guste decirlo, sino que formamos parte de un todo. Un universo en continua transformación que, sin embargo, lleva muchos siglos con problemas similares. ¿Falla entonces la raza humana? No lo sé, no encuentro respuestas para todas las preguntas que me hago, pero sí me hago una reflexión: Desde que el hombre es hombre ha intentado someter al de al lado y ejercer el liderazgo sobre los demás. Y no le han dolido prendas a la hora de hacerlo por los medios más expeditivos, si así lo ha precisado. A lo mejor lo que debe cambiar no es la era, sino el hombre.

Corazones

Que el corazón es un órgano esencial para la vida, no es algo que vaya a descubrir yo ahora. La biología lo explica perfectamente sin entrar en diatribas sobre cómo y por qué. Coincidimos todos en que es una extraordinaria máquina repleta de misterios. Sin embargo hay muchas clases de corazones, más allá de su fisonomía. Están los corazones duros, los implacables que no ceden a los sentimientos sino que se mantienen impávidos ante las emociones. Quizá tras esa coraza exterior se esconda algo que merezca la pena pero uno se debería preguntar si merece la pena el esfuerzo o, al contrario, conviene dejarlo de lado. Están los corazones atribulados, llenos de idas y venidas, de incertidumbres que desmoronan una y otra vez los castillos de naipes que van construyendo. Se caracterizan por encerrarse en si mismos mareando su propia perdiz. Acostumbran a desesperar a quien pretenda entrar en ellos. Están los corazones de espejo, encantados de reproducir las emociones que percibe del exterior sin tener en cuenta las propias. Son corazones que buscan satisfacer a los demás sin encontrar satisfacción propia. Terminan sus días de forma pusilánime. Están los corazones de hierro, que no se deben de confundir con los duros, son éstos una clase en extinción, incapaces de sucumbir al desaliento, llenos de sentimientos marcados a fuego en las pareces interiores. Aquí figuran los de la gran mayoría de madres, que forjan los sentimientos hacia sus vástagos de forma tal que nada puede con ellos...o casi. Están los corazones florecientes, aquellos que alcanzan su primera primavera aturdidos por tanta emotividad. Los sentimientos son un río de lava que amenaza con explotar el pecho. Se ponen mustios con la misma frecuencia que florecen, así es la primavera. Están los corazones carguero, que llenan sus bodegas de las experiencias propias y ajenas en un batiburrillo de tal calibre que pueden llegar a confundir lo vivido con lo escuchado, lo soñado con lo oído; algo comprensible si se mira en su interior. Están los corazones al rojo vivo, esa clase de corazón capaz de dejarse llevar por cuanto sucede sin tener en cuenta que podría reventar o pararse. A este tipo le da igual el cómo, le da igual el por qué; tan sólo quiere latir cada vez de manera más intensa. No se amilana ante la adversidad, ante el no, ante la pena. Quiere, busca, persigue y alcanza. Y finalmente están los corazones sequoia, llenos de la experiencia vivida, de los tiempos que un día fueron y que ya no existen. También habitantes del hoy. Árboles que ralentizan la velocidad a la que se mueve su savia pues hace tiempo que han descubierto que ésta siempre llega a sus extremos. Son corazones dispuestos a darnos el cobijo necesario cuando la tormenta descalabra nuestros horizontes. Corazones que siempre están, que permanecen, que son... Corazones...

jueves, 20 de diciembre de 2012

EL DIA QUE DEJAMOS DE SER LO QUE ERAMOS

Vivir en pareja es parte intrínseca del ser humano. Somos seres sociales que necesitamos relacionarnos con los demás. Seres que adoptamos la vida en común para afrontar juntos el desarrollo individual y colectivo partiendo del apoyo en el otro. Nos vamos a vivir con nuestras parejas enamorados y seguros de que la persona que tenemos a nuestro lado es la ideal para conquistar juntos todos aquellos sueños que anhelamos. ¿En qué momento dejamos de ser lo que éramos? Pues en el momento que miramos al otro a la cara y descubrimos que no sentimos ni frío ni calor. Analizamos entonces multitud de variables para agarrarnos a la relación, buscamos minimizar una realidad física y mental, agrandando otras que, en el fondo, no son verdaderamente importantes. Ocurre entonces que seguimos juntos por: los hijos, los padres, el trabajo, la economía, el qué dirán, la cobardía... Lo práctico, lo inteligente sería mirar cara a cara a nuestra pareja y exponerla claramente que hemos dejado de sentir por ellos. Que no se trata de hacer A o hacer B para solucionar las cosas. Creo sinceramente que cuando has dejado de querer a alguien, cuando ya “no te pone” esa persona, ya nada hay que hacer. Las soluciones que se buscan sólo alargan la agonía. Y no debería pasar nada por reconocer que las cosas no dan más de si. Pero nos han enseñado lo contrario. Nos han dicho que debemos de permanecer, que las parejas de hoy no aguantan nada, que se enfadan por tonterías...y otras muchas lindezas. La felicidad, para quienes nos dicen estas cosas, es algo difícil de cuantificar, incluso de explicar. Muchas parejas de antes aguantaron toda la vida juntos porque no les quedó otra. Unas veces por falta de valor, otras por miedo, la mayoría por ignorancia. Es posible que existan relaciones para toda la vida. Seguro que las hay. Aunque la realidad es cabezona y nos indica que tal vez dentro de treinta años las parejas que entonces tengan más de 50 años ya hayan cambiado de pareja al menos una vez. ¿por qué? Quizá habría que diferenciar entre quienes se han unido jóvenes y quienes lo hacen ya con una experiencia personal en la mochila importante. Para los primeros es mucho más fácil equivocarse, confundir los resortes que hacen fuerte una relación, etc. para los demás debería de ser mucho más fácil buscar lugares comunes con las personas que llevamos a nuestras vidas. A fin de cuentas ya sabemos un poco más cómo somos y lo que no nos gusta. No hay, en todo caso, una varita mágica que podamos agitar para hacernos felices. Ni siquiera una pócima para el amor. El amor, por suerte, sigue siento tan irracional como siempre. No entiende de casi nada y llega muchas veces de forma inesperada. Afrontémoslo cuando llegue y vivamos intensamente ese momento. El tiempo perdido, pasa, y nunca más se recupera.

CUANDO YA NO ESTÁN

Se aproximan días de fiestas familiares, momentos en los que las diferentes tradiciones se agrupan en el hecho cierto de celebrar una fiesta familiar. O más o menos familiar. Por ello es también tiempo de añoranza de aquellas personas que ya no se encuentran con nosotros, seres que hemos dejado en el camino de la vida y que recordamos ahora más que otros días. La tradición Católica nos ha enseñado a lo largo de los siglos que hemos de recordar a los nuestros de una forma sentida, íntima. En otra época incluso hasta pasado mucho tiempo no se podía celebrar ni siquiera una fiesta. Como bien describe “La casa de Bernarda Alba”. Recuerdo que con 17 años perdí a un ser querido en estas fechas, concretamente el día del sorteo de Navidad, y siempre me costó entender cuales son las razones que nos empujan a llorar al que perdemos recordando una y otra vez que se ha ido. Lo lógico sería juntarse y reír las gracias del personaje, acordarse de los buenos momentos y celebrar que nos acordamos de alguien fallecido para sonreír y no para tener un halo de tristeza en medio de una fiesta. Hace muchos años alguien me dijo que cuando él no estuviese quería que se acordasen de él, aunque fuese para mal. Implicaría ello que había dejado huella de algún modo. Y yo creo que esa es la misión que tenemos aquí, no ser meros seres vivientes, sino ser parte del todo. En el momento que pierdes a alguien que quieres, sobre todo si la pérdida es absoluta, el vacío que ser crea puede llegar a abrumar, toda vez que para muchos implica que una parte de su trayectoria vital, de pronto, se tambalea. Quiero pensar que quien ser va no quiere llevarse consigo al que se queda, sino que espera que rehaga su vida, que siga sonriendo, que tire para delante y, sobre todo, que cuando le recuerde no sea con pena. Si todos entendiésemos ese tránsito del mismo modo, sería mucho menos largo el duelo. La vida no es larga, aunque dure cien años, así que perder el tiempo en añoranzas tristes no ayuda a disfrutar. Invitaría a quien ha perdido a que vislumbre el futuro con alegría. Sólo haría una salvedad; creo que ningún padre debería enterrar a sus hijos. Esa pérdida, ese vacío jamás se llena. Cuando ya no están...

lunes, 17 de diciembre de 2012

CALLEJEANDO POR LA VIDA

Vivir quizá sea caminar cada día por una calle nueva; tal vez sea todo lo contrario y permanecer en la misma acera de la misma calle cada día, cada año, para siempre. Me inclino en todo caso por pensar que mi vida ha sido un continuo deambular por una ciudad todavía por descubrir. Por suerte o por desgracia he hecho demasiadas mudanzas en mi vida, no sólo físicas. Así que creo que uno quema etapas y con cada una de ellas va encontrándose a si mismo. Visitamos calles muy diferentes a lo largo de nuestras vidas, algunas tendrán un nombre que permanecerá indeleble para siempre en nuestra memoria otras, al contrario, se verán abocadas a terminar en esa calle del Olvido que todos tenemos en nuestra memoria. En la calle del Olvido meteremos todas aquellas experiencias que no han sido nada, que han dejado apenas un rastro tenue en nuestra existencia. Pasan muchas personas por delante de nosotros, a unas nos intentamos acercar, de otras buscamos alejarnos. De todas ellas siempre habrá un grupo que terminará en el Olvido, sin importar las razones. En el otro lado de la balanza están las personas, experiencias, lugares que acabarán dando nombre a muchas de las calles de nuestra memoria. Muchas serán lugares de continuo pase, otras sólo formarán parte de barrios a los que acudiremos de tanto en tanto para recordar en momentos puntuales. También habrá calles por las que añoremos pasar, lugares en los que no querremos estar porque implicaría un sarpullido de emociones que no siempre somos capaces de controlar. Con el paso del tiempo y la acumulación de vivencias y calles he comprendido que, en ocasiones, es necesario derribar una barriada para poder construir una nueva. Aun cuando la planificación de la futura urbanización estén todavía en simples bocetos. Las malas calles terminan siempre pudriendo barrios enteros. Erradicarlas no siempre es fácil porque es frecuente que estén pobladas por algún ocupa qué, sin contar con ello, ha migrado en nuestra memoria y con ello altera nuestro orden predeterminado. Somos, en el fondo, arquitectos de nuestra propia ciudad. Unos arquitectos un tanto volubles, capaces de la mejor de las soluciones y de la más absurda de las novedades vanguardistas. La vida es un continuo espacio – tiempo en el que la calle siempre necesita mantenimiento, renovación, sostén... Callejeando...