LUGARES PARA SOÑAR

LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir

miércoles, 10 de junio de 2015

LA EXPERIENCIA AMERICANA

Después de ocho horas con las rodillas pegadas al asiento de delante, el sobresalto de las turbulencias en la aproximación al aeropuerto de Washington me espabilan del todo. Está claro que no hemos nacido para volar, no tenemos alas. Y, por tanto, cuando el aparatito comienza a crujir… a todos se nos estrechan los orificios. El caso es que uno llega al otro lado del charco con una imagen en la cabeza que apenas se corresponde con la realidad que después ve. Esperas ver una ciudad que ya tienes en mente recubierta por esa pátina de plató de cine que tantas veces has visto en las series o películas. Y la realidad es bien distinta. Efectivamente, todos aquellos edificios que te has cansado de ver a través de la pantalla están allí. Pero también las obras, los interminables atascos, un calor que te deja más alelado de lo que de común estás… Fueron pocos días, pero los suficientes como para comprender tres o cuatro cosas básicas; algunas, sin duda, lecciones de civismo. Estados Unidos es una nación compleja, con cincuenta Estados que son diferentes entre sí; tienen sus propias leyes, hábitos diferentes, equipos deportivos que nada tienen que ver, comidas variadas…cada uno tiene claro su pertenencia al Estado en el que vive, sin embargo nadie duda del país en el que viven. Todos y cada uno de ellos se siente orgulloso de ser americano. En ese sentido no caben medias tintas, da igual si su origen es ruso, latino, griego…la bandera que les une es la misma, aunque sus acentos indiquen que nada tienen que ver a priori. Es una lección que quizás nos debería hacer replantear algunas cosas aquí. Muchos dirán que nosotros no hemos tenido la opción de elegir, que tenemos una monarquía que no hemos votado… Una flexión, ninguno de los actuales habitantes de los Estados Unidos ha conocido otra forma de gobierno que la que tienen. Y ni se plantean un cambio. ¿Por qué? Por una cuestión más prosaica de lo que parece… tienen estabilidad, para que complicarse. Claro que no todo es oro, también hay carbón. La marginalidad está a la orden del día, hay casi sesenta millones de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza. Hay barriadas que son guetos hirientes para la cualquier sensibilidad. ¿Eso menoscaba mi imagen sobre el país? No. Lamentablemente en todos lados se cuecen habas y la pobreza siempre es mucho más llamativa en los países desarrollados que en aquellos donde las diferencias entre ricos y pobres no son tan grandes. Aunque este sería un debate entre la real necesidad y la aparente necesidad. De los ciudadanos de allí he admirado su educación para con los demás; me sorprendió la amabilidad, su afabilidad y, sobre todo, la forma en cómo te miraban cuando te hablaban de su país. No encontré a ninguno que no tuviese más críticas que loas hacia su país, claro que yo vengo de un país un pelín cainita. De la comida mejor casi ni hablar, estoy seguro de que uno puede comer bien y sano…pero debe de hacérselo en casa o rascarse mucho el bolsillo. Comer sano y de modo económico es imposible. Y de café mejor no hablar. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Culturalmente cabría, desde mi humilde opinión, hacer un par de reflexiones. Los museos son todos gratuitos, al menos en Washington, pero no hay una sola explicación en las paredes que no esté en inglés, lo cual desentona con los casi 70 millones de hispanoparlantes, sin mencionar a los turistas. Creo que ahí tienen un margen de mejora importante. Por otro lado algunas explicaciones sobre la historia contemporánea son, cuando menos, discutibles. Aunque de todos es conocido que son los vencedores los que relatan la historia tal y cómo ellos la quieren contar. Aquello de que es el país de las oportunidades no lo voy a poner en duda a tenor de lo que nos explicaron los muchos guías que tuvimos (casi todos latinos). La cuestión es ser legal allí. Una vez tienes tus papeles puedes iniciar cualquier negocio. Si te va bien te apoyarán y se sentirán orgullosos de ser tus vecinos. Se valora el esfuerzo y la dedicación. A priori, nadie se va a cuestionar que el dinero que ganes venga de otro lado que de tu esfuerzo personal. Aquí, lamentablemente, si te va bien al empezar un negocio…todo son suspicacias. Los controles de seguridad son importantes aunque menos de lo que yo me esperaba, quizás porque venimos de un país europeo. Hay colas, demasiadas, pero no son especialmente pesaditos. En la ciudad tienes la sensación de que puedes dejar tus cosas tranquilamente en el banco mientras te tomas un respiro, sin miedo a que te lo roben. Está claro que mi experiencia personal se ajusta a un recorrido breve por dos ciudades y tres o cuatro estados limítrofes. Me encantaría tener la oportunidad de recorrer algún día la ruta 66 (atraviesa el país) y así poder emitir un juicio más correcto sobre aquel país. En todo caso si recomendaría visitarlo. Para concluir, una reflexión personal. Si Estados Unidos tuviese la mitad de la historia de nuestro país, seguro que haría de ella un argumento sólido para que las generaciones posteriores se sintiesen orgullosas de su nación. Me apena vivir en un país donde nos tiramos los trastos a la cabeza entre regiones sin detenernos a pensar que vivimos en un país, España, con más de 2000 años de historia. Y en lugar de valorar lo que nos une, buscamos la diferencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La opinión siempre es libre