LUGARES PARA SOÑAR

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cerrar lo ojos y sentir

miércoles, 27 de marzo de 2019

Caleidoscopio


El caleidoscopio de la vida determina, de una manera totalmente aleatoria, cómo percibimos la realidad que afrontamos cada mañana. Y muchos de esos amaneceres tienen un color diferente al que esperábamos al oscurecer el día previo. Está en nosotros ser capaces de tamizar lo que no nos gusta, deprime o duele y convertirlo en algo mejor.
Vivir no es ver como pasa la vida; es mucho más. En realidad es nuestra única ocupación ante la certeza de la muerte.
En una época en la que todo se vive desde la inmediatez y la falta de ilusiones creadas a partir de intangibles, uno no puede más que sentirse afortunado por haber vivido y protagonizado una época anterior en la que las ilusiones nos hacían creer.
Si, ya sé, que muchas veces la realidad nos abofeteaba, incluso amenazaba con destruirnos en algunos momentos. Pero honestamente creo que era mejor que este universo multimedia que deja poco margen para la construcción de nuestros sueños, dada la cantidad de falsas vidas que se muestran cada día.
¿Antiguo?, es posible. Aunque me gusta pensar que soy todo un romántico que ha gozado de un tiempo de creatividad emocional y no soy un "moderno" que vive el corta y pega.

jueves, 18 de octubre de 2018

LA VILEZA DE UNA BANDERA


Resulta evidente que en los últimos tiempos se está acrecentando el radicalismo en nuestro país y también en el mundo desarrollado. Las razones que subyacen suelen ser muy diversas según la latitud en la que se lleve a cabo. Aunque siempre prevalezcan las económicas disfrazadas de cualquier otra ocurrencia.
Los nacionalismos siempre resultan excluyentes pues trazan finas líneas donde quieren para distinguir “a los buenos de los malos”. El ser humano no suele aprender de la historia reciente y acaba por cometer errores  parecidos a los cometidos antaño. Incluso las banderas de la libertad esconden una verdad a medias.
En España el concepto de nación está en entredicho desde siempre, ya que en realidad nunca lo hemos sido de manera voluntaria. La tradición de reyezuelos que pululaban por la península Ibérica fue sustituida poco a poco por caciques que gozan manejando “su” territorio sin que nadie les diga cómo deben de hacerlo.
Y ahora que vivimos en un macro Estado que se llama Europa la cosa se torna más complicada. Es el momento perfecto para que los que perpetúan las diferencias enarbolen las banderas del fanatismo.
Convendría recordar a esos “patriotas” que no hace muchos años el mundo se fue a la mierda por un montón de mentiras bien contadas y que se creyeron millones de personas. Imponer el cocido gallego ( por poner un ejemplo y por maravilloso que sea), como comida obligatoria en todo el país, lo mismo no resulta agradable para que se lo coma un tinerfeño a 35 grados.
Los usos y costumbre de una nación jamás serán los mismos en toda la extensión del país. Respetarlos y aceptarlos como parte integral nos hace más fuertes.
Rusia y Ucrania, por dejar de lado los manidos lazos amarillos, mantienen un conflicto duro y armado desde hace tiempo por la península de Crimea. Qué si es Rusa sostienen unos, que si es de Ucrania dicen otros…. Pero la única realidad es que Rusia tiene sus orígenes en Ucrania con la formación del Rus de Kiev, origen del primer imperio ruso. Así que están luchando por quien la tiene más grande, no porque sean diferentes. Es mucho más lo que les une que aquello que pueda separarles.
En nuestro país más de lo mismo. Aunque lo que realmente subyace aquí y allí es la calamitosa gestión pública de los recursos. Los políticos tienen a enarbolar las banderas de la diferencia cuando no saben cómo hacer frente a los desmanes que han cometido. Buscan hablar de las  diferencias para desviar la atención.

UN PROBLEMA DE TODOS


De un tiempo a esta parte se empiezan a destapar un sinfín de casos de abusos sexuales de todo tipo y en todos los órdenes de la vida. Ya no hablamos de las zonas oscuras de la sociedad, de lugares marginados que ocultan las ciudades tras pátinas de modernidad.
Estamos delante de un problema que siempre ha existido, que ha permanecido soterrado (y todavía sigue) en todas las sociedades patriarcales. Las mujeres, pilares fundamentales de cualquier sociedad, han vivido siempre al borde de la delgada línea que separa lo consentido de lo tolerado; lo tolerado de lo obligado… En sociedades como la nuestra, donde la falacia de la igualdad de género todavía tardará años en ser alcanzada, se ocultan innumerables casos de abuso sexual (generalmente de hombres a mujeres).
Aprovechándose de la situación de dominio empresarial, social, económico o simplemente  haciendo valer la vileza de su superioridad física; el hombre ha ejercido sobre la mujer una posición de abuso.
Se piden penas coercitivas para los abusadores; ya sea a través de penas de cárcel, endurecimiento de las sanciones económicas, campañas en televisión… pero sigue permaneciendo el problema entre nosotros. Entonces, ¿cómo poder solucionarlo? Sin duda a través de la educación, de un cambio en la moralidad vigente.  Las acciones moralmente deplorables ocurren con mayor frecuencia en sociedades en las que las personas buenas no hacen nada por evitarlas o miran para otro lado.
Es en las escuelas donde tenemos que empezar a cambiar el modelo social; a través de la educación tenemos que encontrar el modo de hacer ver a las generaciones venideras que la igualdad es mucho más que un eslogan pintado en un muro de cualquier ciudad. La igualdad se logra en el momento en que uno entiende que el espacio del otro es suyo; y qué puede decidir compartirlo con nosotros o no.
La segregación por sexos, que algunos llevan a cabo en según qué centros educativos, supone un alejamiento de la realidad que posteriormente tendrán que vivir esos alumnos. La diversidad humana es obvia y evidente. En un mundo globalizado la multiculturalidad supone un enriquecimiento tremendo si se consideran las diversas culturas como una suma del todo.
Siempre habrá gente que no sepa adaptarse a los nuevos tiempos, al nuevo país, a las nuevas costumbres… habrá que enseñarles.  La diversidad nunca debería de ser excluyente, todo lo contrario; la amalgama de nacionalidades que hoy cohabitan, por ejemplo en España, supondrán siempre un enriquecimiento a todos los niveles.
Educación y diálogo constante, no hay otro camino. Este es un problema de todos.

viernes, 22 de junio de 2018

NUEVOS TIEMPOS


Que el mundo avanza a velocidad de vértigo es un hecho que no voy a descubrir ahora; sin embargo no es menos cierto que no avanza en todas las latitudes y sociedades al tiempo. Nos hemos acostumbrado a creer que vivimos en el mundo desarrollado, que la vida que tenemos, esclava de los teléfonos y las redes sociales, es la mejor. Sin reparar en que quizás en otros lugares la vida sea incluso mejor.
Hubo un tiempo en el que todos buscábamos nuestra Ítaca particular, en el que nos permitíamos soñar con un futuro mejor al amparo de las relaciones humanas directas. En las que buscábamos en los gestos de nuestro interlocutor la verdad de la vida.
Hoy vivimos a expensas de modas impuestas, de los “me gusta”, de las noticias falsas, de la inmediatez de lo que ocurre y de lo que no. Lejos queda el tiempo en el que los jóvenes se reunían para hablar en la calle, se escuchaban las carcajadas o el jolgorio en cualquier reunión. Lo hemos cambiado por el sonido sordo de las conversaciones privadas a través del chat mientras se miran levemente y de soslayo abstraídos en su pequeño cerebro portátil.
¿Y qué ocurre con la vida? Dónde han quedado la emoción del descubrimiento. Dónde los nervios de la incertidumbre por el cómo será. Qué puede moverte por dentro cuando acudes a una cita sabiendo hasta el grupo sanguíneo de quien te espera. En la era del conocimiento avanzado hemos retrocedido en emociones, en sentimientos, sustituimos la narrativa de la vida por una redacción en código binario de la misma. Y así nos va.
No digo que el pasado sea mejor, que sin duda no lo es, pero sí que estamos perdiendo a grandes trancos inteligencia emocional en beneficio de una inteligencia electrónica que nos aleja de la sensibilidad de la piel, de los intangibles que ofrecen los sentimientos que surgen de lo más profundo de nosotros mismos.
Los jóvenes viven deslumbrados por una sociedad que les satura de futuros brillantes a los que difícilmente se acercarán sino a través de una pantalla. Al cabo del tiempo corren el riesgo de acabar hastiados de su propia existencia y sin asideros a los que agarrarse. Las humanidades, tan denostadas en nuestros días, ofrecen argumentos que una vez adquiridos permanecen en nosotros mismos dándonos la mano cuando corremos el riesgo de caer al precipicio.
Es posible que a uno lo vean algo ajado para los tiempos que corren, y quizás sea cierto. No importa. La verdad, sin ser nunca absoluta, es que creo tener más argumentos para afrontar la realidad que aquellos que dependen de una pantalla para saber qué pantalones ponerse por las mañanas.



jueves, 17 de mayo de 2018

Pensar

Qué sería de mi vida sin dedicar gran parte de ella a pensar y razonar. Cómo habría de manejar la otra parte de mi existencia, esa que muchas veces se rige por sus propias normas, de no haber tenido un momento para la reflexión.
El mundo se mueve hoy con más velocidad de la que es capaz de administrar. Todo ocurre en un instante, apenas sin tiempo para saborear.
Es por ello que uno debe de hacer lo posible por transmitir a los que vienen detrás sobre las veleidades del conocimiento. El deber de advertirles qué sus vidas, quizás, tengan un antes y un después de que alcancen a tener una buena capacidad de síntesis.
Es hoy un tiempo de razonamientos prestados; de pasar de puntillas sobre lo importante de la vida y reparar en lo superfluo. En cosas que nos son impuestas porque si.
Los gustos, los nuestros, se modifican continuamente no por lo que experimentamos sobre ellos, sino por un abanico de "tendencias" que derivan en imposiciones paradójicas. Pues recurrimos a ellas para no tener la sensación de vivir en un universo paralelo.
Es posible que nuestros hijos, en un futuro inmediato, alcancen un gran conocimiento teórico. Mas tengo la sensación de que, a la vuelta de unos años, 1984 se habrá quedado corta.
Para revertir esta situación que ya parece desbocada sólo nos queda apelar a la heroica del conocimiento. Del contraste de pareceres, para que nuestros nietos no sean meros espectadores en un mundo de acomodadores.
Pensar...que cosa..

jueves, 22 de febrero de 2018

Los nuevos del Underground

Los nuevos habitantes del Underground. 
Crecí en una época marcada por el surgimiento de la Movida, ese fenómeno social mecido en brazos de una novel democracia y que quiso romper con un pasado en blanco y negro para teñir de color la vida de la nueva juventud. Fueron años de desenfreno para muchos jóvenes que buscaban su lugar en el mundo; se encontrase en el lugar que fuese.
Muchos buscaron ser los Reyes del Underground y acabaron sus días saltando de canuto en ácido; de ahí al pico y posteriormente, bastantes, una tienda de campaña en cualquier desolado descampado. 
Entonces la juventud buscaba dejar atrás los corsés de una sociedad que había vivido demasiados años en el lado gris de Europa.
De aquellos años y de la década posterior somos los padres del hoy. Los mismos que, a poco que los asomemos al balcón de la vida de nuestros hijos, podremos ver con éstos buscan su particicular reinado del Underground actual. 
La perspectiva de estudiar y formarse no es aliciente suficiente. La perspectiva de ser dependiente de una hamburguesería con dos máster no puede generar entusiasmo. Apenas tienen nada por lo que luchar pues, casi todo, les viene dado. Crecen creyendo que el mundo es la Red y que no existe otra realidad que aquella que cuelgan hora si y hora también en la redes sociales. 
Personalmente no me parece nada enternecedor ver sus fotos,con los ojos como besugos y las pupilas como la noche, con quince años y a las seis de la tarde colgadas en Instagram y otra red cualquiera.
La juventud languidece sin ser consciente de que están abandonando la persecución de sus sueños por la espera cómoda de lo que depare el día mañana. 
La educación, no la formación, sino la educación y las buenas maneras se están convirtiendo en un rara Avis, en una suerte de teléfono de rueda que apenas saben utilizar. No se escuchan, no se miran, se hablan con el teclado. Uno escribe sobre el amor y el otro responde que hace sol. 
Ahora que los iluminados de la política se afanan en pretender que estudien en tres idiomas, uno se pregunta si no sería bueno que utilizasen uno correctamente; al menos uno. 
Quizás me esté haciendo demasiado mayor y vea con una precaución exagerada la apatía de nuestros jóvenes y su descenso al peligroso laberinto del Underground. O tal vez sea la experiencia de haber visto sucumbir a no pocos después de pronunciar la mítica:"tranqui, yo controlo".

Estoy seguro de que todos queremos lo mejor para nuestros hijos pero...Hacemos realmente lo suficiente? Podemos hacer más? Yo creo que sí. 

domingo, 14 de enero de 2018

LO QUE NUNCA FUIMOS Y, CASI SEGURO, NO SEREMOS


He pasado buena parte de mi vida, a ojos de muchas personas, siendo lo que nunca he sido. Ese regusto que tiene la sociedad por hablar de los demás sin conocerlos, logra que uno se encuentre con situaciones inverosímiles.

En estos años me han dicho que era policía, homosexual, drogadicto, que había bebido, que tenía no sé cuantos hijos no reconocidos… incluso que padecía enfermedades que ni conozco. Algunas de las situaciones en las que me han puesto resultaron cómicas, como decir que estaba en un lugar al mismo tiempo que yo estaba al lado del otro interlocutor en un sitio diferente.

Hablar de oídas es muy peligroso; mas inventar resulta, además irresponsable.  Suelen ser, estas personas, además, de las que opinan por boca ajena. No tienen opinión sobre un tema, cuando no lo desconocen totalmente, pero hablan según han escuchado en la radio o a un amigo; sin tener en cuenta su propia postura respecto al tema.

Surge el verdadero drama cuando a una de estas personas se les da “valor de verdad”, por el mero hecho de ser amigo nuestro, o familiar. Sin pararnos a pesar en sus razones. Escuchar a alguien hablar en función de su formación o cultura es una cosa y, que nos dé una opinión es otra muy distinta.

En las conversaciones de bar escuchamos muy a menudo cosas como: “¡ese es tonto!, ¡se pasa el día de fiesta! ¡seguro que nos roba!”.  Comentarios recurrentes sobre deportistas o políticos mientras uno toma café. Resulta obvio que ninguno de los presentes conoce personalmente a aquellos que ponen de vuelta y media, pero lo hacen. ¿razones? Ninguna objetiva, salvo la pretensión de “socavar” de algún modo, la personalidad del popular.

En el terreno de los conocidos sucede lo mismo. Es costumbre “saber” incluso lo que ocurre en la alcoba del matrimonio del cuarto; viviendo en el primero y sin conocerlo de nada.  La especulación crea situaciones como las referidas al comienzo de este texto. Que uno ha sido muchas cosas sin saber, siendo posible que jamás sea ninguna de ellas.  Para alguien que no bebe, como es mi caso, por ejemplo, que alguien diga que te ha visto bebido; y que lo sostenga porque da valor de verdad a lo que le contó un amigo, resulta desagradable. Y como quiera que uno no va dando explicaciones por la vida, acaba por soslayar a esa persona e introducirla en el archivo de los imbéciles. Esos que llenan el país de chismes y comentarios.

La vida, al fin y al cabo, se vive de manera continua. Nadie va hacia el pasado. Te levantas por la mañana y vives el día en el que estás; aciertas o no en ese día…pero al día siguiente no será lo mismo, aunque te pongas la misma ropa. La razón es obvia, tú ya no eres esa persona de ayer.

Te enseñan de pequeño que uno debe de aprender de los errores; más adelante que las conductas de un día se repiten per se…  nada de ello es cierto. Nunca se aprende realmente del todo, pues el error difícilmente es el mismo. Y las conductas suelen ir en función de muchas variables: el ambiente, el interlocutor, la situación, el estado de ánimo….

Así pues, llegados a este punto, recomendaría que cuando uno pretende conocer a alguien lo haga con la mente abierta y atento a lo que percibe y siente. Si va demasiado condicionado no le será fácil alcanzar el objetivo de conocer. Y si lo que uno hace es opinar sobre otro…cuidado, no sea que hablando por boca de otros uno acabe comiéndose las palabras.