LUGARES PARA SOÑAR

LUGARES PARA SOÑAR
cerrar lo ojos y sentir

viernes, 22 de junio de 2018

NUEVOS TIEMPOS


Que el mundo avanza a velocidad de vértigo es un hecho que no voy a descubrir ahora; sin embargo no es menos cierto que no avanza en todas las latitudes y sociedades al tiempo. Nos hemos acostumbrado a creer que vivimos en el mundo desarrollado, que la vida que tenemos, esclava de los teléfonos y las redes sociales, es la mejor. Sin reparar en que quizás en otros lugares la vida sea incluso mejor.
Hubo un tiempo en el que todos buscábamos nuestra Ítaca particular, en el que nos permitíamos soñar con un futuro mejor al amparo de las relaciones humanas directas. En las que buscábamos en los gestos de nuestro interlocutor la verdad de la vida.
Hoy vivimos a expensas de modas impuestas, de los “me gusta”, de las noticias falsas, de la inmediatez de lo que ocurre y de lo que no. Lejos queda el tiempo en el que los jóvenes se reunían para hablar en la calle, se escuchaban las carcajadas o el jolgorio en cualquier reunión. Lo hemos cambiado por el sonido sordo de las conversaciones privadas a través del chat mientras se miran levemente y de soslayo abstraídos en su pequeño cerebro portátil.
¿Y qué ocurre con la vida? Dónde han quedado la emoción del descubrimiento. Dónde los nervios de la incertidumbre por el cómo será. Qué puede moverte por dentro cuando acudes a una cita sabiendo hasta el grupo sanguíneo de quien te espera. En la era del conocimiento avanzado hemos retrocedido en emociones, en sentimientos, sustituimos la narrativa de la vida por una redacción en código binario de la misma. Y así nos va.
No digo que el pasado sea mejor, que sin duda no lo es, pero sí que estamos perdiendo a grandes trancos inteligencia emocional en beneficio de una inteligencia electrónica que nos aleja de la sensibilidad de la piel, de los intangibles que ofrecen los sentimientos que surgen de lo más profundo de nosotros mismos.
Los jóvenes viven deslumbrados por una sociedad que les satura de futuros brillantes a los que difícilmente se acercarán sino a través de una pantalla. Al cabo del tiempo corren el riesgo de acabar hastiados de su propia existencia y sin asideros a los que agarrarse. Las humanidades, tan denostadas en nuestros días, ofrecen argumentos que una vez adquiridos permanecen en nosotros mismos dándonos la mano cuando corremos el riesgo de caer al precipicio.
Es posible que a uno lo vean algo ajado para los tiempos que corren, y quizás sea cierto. No importa. La verdad, sin ser nunca absoluta, es que creo tener más argumentos para afrontar la realidad que aquellos que dependen de una pantalla para saber qué pantalones ponerse por las mañanas.



jueves, 17 de mayo de 2018

Pensar

Qué sería de mi vida sin dedicar gran parte de ella a pensar y razonar. Cómo habría de manejar la otra parte de mi existencia, esa que muchas veces se rige por sus propias normas, de no haber tenido un momento para la reflexión.
El mundo se mueve hoy con más velocidad de la que es capaz de administrar. Todo ocurre en un instante, apenas sin tiempo para saborear.
Es por ello que uno debe de hacer lo posible por transmitir a los que vienen detrás sobre las veleidades del conocimiento. El deber de advertirles qué sus vidas, quizás, tengan un antes y un después de que alcancen a tener una buena capacidad de síntesis.
Es hoy un tiempo de razonamientos prestados; de pasar de puntillas sobre lo importante de la vida y reparar en lo superfluo. En cosas que nos son impuestas porque si.
Los gustos, los nuestros, se modifican continuamente no por lo que experimentamos sobre ellos, sino por un abanico de "tendencias" que derivan en imposiciones paradójicas. Pues recurrimos a ellas para no tener la sensación de vivir en un universo paralelo.
Es posible que nuestros hijos, en un futuro inmediato, alcancen un gran conocimiento teórico. Mas tengo la sensación de que, a la vuelta de unos años, 1984 se habrá quedado corta.
Para revertir esta situación que ya parece desbocada sólo nos queda apelar a la heroica del conocimiento. Del contraste de pareceres, para que nuestros nietos no sean meros espectadores en un mundo de acomodadores.
Pensar...que cosa..

jueves, 22 de febrero de 2018

Los nuevos del Underground

Los nuevos habitantes del Underground. 
Crecí en una época marcada por el surgimiento de la Movida, ese fenómeno social mecido en brazos de una novel democracia y que quiso romper con un pasado en blanco y negro para teñir de color la vida de la nueva juventud. Fueron años de desenfreno para muchos jóvenes que buscaban su lugar en el mundo; se encontrase en el lugar que fuese.
Muchos buscaron ser los Reyes del Underground y acabaron sus días saltando de canuto en ácido; de ahí al pico y posteriormente, bastantes, una tienda de campaña en cualquier desolado descampado. 
Entonces la juventud buscaba dejar atrás los corsés de una sociedad que había vivido demasiados años en el lado gris de Europa.
De aquellos años y de la década posterior somos los padres del hoy. Los mismos que, a poco que los asomemos al balcón de la vida de nuestros hijos, podremos ver con éstos buscan su particicular reinado del Underground actual. 
La perspectiva de estudiar y formarse no es aliciente suficiente. La perspectiva de ser dependiente de una hamburguesería con dos máster no puede generar entusiasmo. Apenas tienen nada por lo que luchar pues, casi todo, les viene dado. Crecen creyendo que el mundo es la Red y que no existe otra realidad que aquella que cuelgan hora si y hora también en la redes sociales. 
Personalmente no me parece nada enternecedor ver sus fotos,con los ojos como besugos y las pupilas como la noche, con quince años y a las seis de la tarde colgadas en Instagram y otra red cualquiera.
La juventud languidece sin ser consciente de que están abandonando la persecución de sus sueños por la espera cómoda de lo que depare el día mañana. 
La educación, no la formación, sino la educación y las buenas maneras se están convirtiendo en un rara Avis, en una suerte de teléfono de rueda que apenas saben utilizar. No se escuchan, no se miran, se hablan con el teclado. Uno escribe sobre el amor y el otro responde que hace sol. 
Ahora que los iluminados de la política se afanan en pretender que estudien en tres idiomas, uno se pregunta si no sería bueno que utilizasen uno correctamente; al menos uno. 
Quizás me esté haciendo demasiado mayor y vea con una precaución exagerada la apatía de nuestros jóvenes y su descenso al peligroso laberinto del Underground. O tal vez sea la experiencia de haber visto sucumbir a no pocos después de pronunciar la mítica:"tranqui, yo controlo".

Estoy seguro de que todos queremos lo mejor para nuestros hijos pero...Hacemos realmente lo suficiente? Podemos hacer más? Yo creo que sí. 

domingo, 14 de enero de 2018

LO QUE NUNCA FUIMOS Y, CASI SEGURO, NO SEREMOS


He pasado buena parte de mi vida, a ojos de muchas personas, siendo lo que nunca he sido. Ese regusto que tiene la sociedad por hablar de los demás sin conocerlos, logra que uno se encuentre con situaciones inverosímiles.

En estos años me han dicho que era policía, homosexual, drogadicto, que había bebido, que tenía no sé cuantos hijos no reconocidos… incluso que padecía enfermedades que ni conozco. Algunas de las situaciones en las que me han puesto resultaron cómicas, como decir que estaba en un lugar al mismo tiempo que yo estaba al lado del otro interlocutor en un sitio diferente.

Hablar de oídas es muy peligroso; mas inventar resulta, además irresponsable.  Suelen ser, estas personas, además, de las que opinan por boca ajena. No tienen opinión sobre un tema, cuando no lo desconocen totalmente, pero hablan según han escuchado en la radio o a un amigo; sin tener en cuenta su propia postura respecto al tema.

Surge el verdadero drama cuando a una de estas personas se les da “valor de verdad”, por el mero hecho de ser amigo nuestro, o familiar. Sin pararnos a pesar en sus razones. Escuchar a alguien hablar en función de su formación o cultura es una cosa y, que nos dé una opinión es otra muy distinta.

En las conversaciones de bar escuchamos muy a menudo cosas como: “¡ese es tonto!, ¡se pasa el día de fiesta! ¡seguro que nos roba!”.  Comentarios recurrentes sobre deportistas o políticos mientras uno toma café. Resulta obvio que ninguno de los presentes conoce personalmente a aquellos que ponen de vuelta y media, pero lo hacen. ¿razones? Ninguna objetiva, salvo la pretensión de “socavar” de algún modo, la personalidad del popular.

En el terreno de los conocidos sucede lo mismo. Es costumbre “saber” incluso lo que ocurre en la alcoba del matrimonio del cuarto; viviendo en el primero y sin conocerlo de nada.  La especulación crea situaciones como las referidas al comienzo de este texto. Que uno ha sido muchas cosas sin saber, siendo posible que jamás sea ninguna de ellas.  Para alguien que no bebe, como es mi caso, por ejemplo, que alguien diga que te ha visto bebido; y que lo sostenga porque da valor de verdad a lo que le contó un amigo, resulta desagradable. Y como quiera que uno no va dando explicaciones por la vida, acaba por soslayar a esa persona e introducirla en el archivo de los imbéciles. Esos que llenan el país de chismes y comentarios.

La vida, al fin y al cabo, se vive de manera continua. Nadie va hacia el pasado. Te levantas por la mañana y vives el día en el que estás; aciertas o no en ese día…pero al día siguiente no será lo mismo, aunque te pongas la misma ropa. La razón es obvia, tú ya no eres esa persona de ayer.

Te enseñan de pequeño que uno debe de aprender de los errores; más adelante que las conductas de un día se repiten per se…  nada de ello es cierto. Nunca se aprende realmente del todo, pues el error difícilmente es el mismo. Y las conductas suelen ir en función de muchas variables: el ambiente, el interlocutor, la situación, el estado de ánimo….

Así pues, llegados a este punto, recomendaría que cuando uno pretende conocer a alguien lo haga con la mente abierta y atento a lo que percibe y siente. Si va demasiado condicionado no le será fácil alcanzar el objetivo de conocer. Y si lo que uno hace es opinar sobre otro…cuidado, no sea que hablando por boca de otros uno acabe comiéndose las palabras.

viernes, 12 de enero de 2018

CUESTIÓN DE SENTIDOS


CUESTIÓN DE SENTIDOS

¿Qué es vivir? Esta es una de esas preguntas en las que caben tantas respuestas como seres humanos existen. La realidad, ese tangible rodeado de incógnitas, es diferente para cada uno de nosotros una vez nos hemos despertado; mas, sin embargo, vivir no es más que una cuestión de sentidos y todos, salvo problemas, tenemos los mismos, cinco; aunque dicen que existen personas que tienen un “sexto sentido”. Desde luego, yo no soy una de ellas.

Casi siempre son los sonidos los que nos despiertan, los que dinamitan ese último sueño al que permanecíamos aferrados un breve instante antes. Cuántas veces hemos vuelto a cerrar los ojos con la esperanza de retomar un hilo que, por desgracia, se ha esfumado. Otras, al contrario, agradecemos al despertador el devolvernos a una realidad más tranquilizadora que esa pesadilla; ¡era tan real! Es la voz de esa persona que amamos la que transforma nuestra vida en un lugar mejor; esas palabras de arrullo que damos a nuestros hijos, o esas voces en la lejanía que escuchamos y que nos sumergen en lo que quiera que ocurra lejos. Oír y, a la vez, escuchar; siempre que alguien tiene algo que decir que nos importe. O simplemente oír, porque así son las cosas.

Muchas veces nuestros días tienen un filtro marrón, y todo lo vemos con mirada taciturna. Hacemos las cosas del día a día albergando la esperanza de que pasen pronto las horas y despunte el alba con un nuevo color. Y llega el día siguiente y todo se llena de luz, de contrastes. Y es en los contrastes donde siempre he encontrado la belleza. Esa belleza oculta que requiere de un pequeño esfuerzo o de una pizca de suerte para encontrarla. Uno ve el color de los ojos de otra persona mil y una vez sin que llame más de la cuenta tu atención; de pronto, en un giro inesperado al trasluz de unas cortinas, aquellos ojos siempre pasajeros se convierten en el ancla sobre el que empieza a girar tu vida, sobre el que estás dispuesto a empezar de nuevo. El horizonte, ese sitio al que siempre mira uno cuando tiene la mirada perdida, está lleno de luminosidad. Pero no siempre lo vemos así. La fortuna, muchas veces esquiva, puede entornar nuestros ojos y dejarnos con mala visión…pero la belleza sigue ahí.

La vida huele, siempre desprende un aroma. Desde que nacemos y hasta que dejamos de existir, nuestra existencia deja un rastro, un olor característico que es intrínseco a la persona que somos. Nuestras feromonas marcan nuestro entorno, logran que alguien se acerque o se aleje. Es posible que nos elijan, incluso sin ser conscientes de ello, por el aroma que desprende nuestra piel. O quizás por eso mismo, por la consciencia de nuestro aroma…quien sabe. Vivir es, también, un océano de olores que nos invaden, obligándonos a ir hacia un lugar u otro. Quien no ha sentido la naturaleza virgen en medio de un bosque y ha cerrado los ojos para dejarse ir y volar; y quién no ha sentido el nauseabundo golpeo de la suciedad en cualquier cloaca urbana que nos enseña la parte trasera de lo que somos.

Sabe, claro que sí, la vida sabe; nos encanta el sabor de la piel de esa persona por la que perdemos el norte; sentimos en nuestro paladar el metálico sabor de nuestra propia degradación como personas. La vida sabe dulce cuando las cosas van de cara, cuando cualquier momento es bueno, hagamos lo que hagamos. Y tiene ese sabor amargo al salir cruz en la moneda. Y es cierto, hay personas que disfrutan más en la amargura que en la dulzura. Su vida no es peor ni mejor, tan sólo diferente. Prefiero, en todo caso, la dulzura a la amargura, al menos en la vida.

Y la vida es tacto; a través de nuestra piel descubrimos quienes somos en realidad; percibimos a los demás de la manera más directa. No podemos olvidad que, la piel, es nuestro órgano más grande. No sé si el más importante, pero sí el que más va a modificar nuestra manera de vivir. Basta un simple roce con el cuerpo que tienes al lado para sentir la vida en todo su esplendor o percibir la soledad más absoluta. Y todo en un mismo roce.

Nuestro cerebro, esa suerte de ONU de los sentidos, es el garante final de que podamos disfrutarlos en mayor o menor medida. Pocas cosas hay más importantes para vivir que dejarse llevar por lo que sentimos. Trato de hacerlo cada día, a veces con plenitud y otras con dificultades; pero siempre con optimismo. En la vida uno puede ver el vaso siempre medio vacío o medio lleno. Para aquellos que lo ven medio vacío…ánimo. Y para quienes lo ven medio lleno. ¡Vivan!  sigan haciéndolo así. Merece la pena vivir sintiendo.






jueves, 16 de noviembre de 2017

Maltrato generacional


Un problema transgeneracional 

Estos días está en los medios la violación de "la manada", ese grupo de delincuentes que abusó sexualmente de una joven durante las fiestas de San Fermín el año pasado. Y la sociedad está pasando de puntillas sobre un problema que es mucho más importante que todo lo que ocurre en Cataluña.
Muchos son los "periodistas" que cuestionan públicamente los hechos, tal vez porque su poca cobertura mental se alimenta de un estilo de vida muy socializado en nuestro país. Una manera de vivir que beneficia la "superioridad" del hombre en todos los ámbitos. La diferencia salarial no deja de ser la más elemental forma de maltrato, socialmente aceptada por una mayoría. 
Ser mujer en nuestra sociedad sigue valiendo menos que ser hombre. Los puestos de dirección, políticos, etc; siguen poniendo de manifiesto la minusvalía social a la que se somete a la mujer.
Si hablamos del maltrato físico y psicológico, tal y como lo comprende la mayoría, el tema se pone peliagudo. Educamos a nuestras hijas, en el mejor de los casos, para que sepan defenderse o no tengan "actitudes peligrosas", cuando lo que deberíamos es educar al resto de la sociedad. Explicarle a los chicos que tratar a las chicas con displicencia y menosprecio es terrible. Que acosar a una joven cuando camina por la calle no te hace más hombre; te convierte en un imbécil peligroso y detestable.
En las ondas se escuchan canciones que sitúan a la mujer en la puerta del prostíbulo mental de quienes interpretan dichas letras. Y lo peor es que ellas, nuestras jóvenes, las cantan y bailan. Sin pararse a pensar que, sin pretenderlo, dan rienda suelta a las aberraciones de muchos.
Se trata si, de un problema de fondo, un problema donde los educadores, los padres, los entrenadores, políticos y demás debemos estar atentos y no permitir conductas que, lejos de ser simpáticas en adolescentes, acabarán creando monstruos en el futuro.
La igualdad, una entelequia todavía hoy día, nunca podrá alcanzarse si continuamos obviando un problema como éste. Generaciones enteras de mujeres sometidas al capricho de una sociedad manejada por hombres pero que, jamás, funcionaría sin ellas.
Los jóvenes de hoy deberían poder entender que son ellas nada sería posible. Todo comienza y termina en ellas. Son el ancla sobre el que permanecen casi todos las familias.
La verdadera igualdad se dará en el momento en que dos adolescentes del futuro dejen de cuestionarse su superioridad sobre el otro, y no antes.
En tanto en cuanto esté instante no llegue deambulamos por un terreno lleno de trampas. Promulgando leyes que no serán nunca efectivas si no educamos entre todos a generaciones venideras. 
La violencia machista, el terrorismo machista, debería de estar penado como tal; pero también debería de estar penado socialmente. Y no ocurre, porque son muchos los que buscan justificación a las mas depravadas conductas. Y ahí están algunos medios nacionales para ponerlo de manifiesto.
Crecí en una sociedad machista y confíe en que el futuro de mi hija sería mejor en ese sentido...Y tengo muchas dudas al respecto. Creo que en este tiempo que corre las cosas no van a mejor. Ojalá esté equivocado.

domingo, 15 de octubre de 2017

Empujando la puerta equivocada

Empujando la puerta equivocada.

La vida, la existencia de las personas, transcurre en un constante trasiego de traspasar puertas. Avanzamos en la vida cambiando nuestra manera de ser, buscando una adaptabilidad a las diferentes situaciones que se nos presentan, con más o menos acierto.
A lo largo de nuestra formación profesional y humana es fácil dejarnos los dedos en alguna puerta. La idea clara de un día se transforma en un nubarrón al día siguiente y nos vemos incapaces de proseguir; así que, o bien retrocedemos o bien nos aventuramos a cruzar otro umbral...
Es en el terreno sentimental en el que nos ocurren las más variopintas situaciones. Hay personas que tras abrir una puerta se quedan en la estancia el resto de sus vidas, muchos felices y otros simplemente viven una adaptación perenne y si chispa. Los hay que van de una estancia a otra sin ni siquiera reparar en la corriente de aire que eso ocasiona, y uno aprende de mayor que las corrientes son malas para el cuerpo.
Sucede, también, que podemos pasarnos la vida empujando una puerta que sólo se abre hacia dentro. Son esas las más importantes, las que nos enseñan de verdad cómo somos. Tener la paciencia de tirar en lugar de empujar obliga a una mirada instrospectiva en la que no siempre es fácil reconocerse.
Mirarse al espejo con ojos de análisis personal puede llevarnos a vernos como un ser incompleto. El reflejo no muestra lo que creemos ser sino aquello que somos. No resulta sencillo verse las imperfecciones.
La vida que he vivido hasta ahora ha sido un compendio de puertas y ventanas que me han llevado a muchos caminos de difícil retorno , de esos de los que uno regresa lleno de laceraciones. De otros he vuelto con la piel tersa y el recuerdo perenne y fresco.
Creo firmemente en la aseveración que dice "cuando una puerta se cierra, otra se abre". Y lo creo porque lo he vivido en el espacio tiempo que me ha tocado sentir.
El resultado es la persona que soy, para unos de una manera y para otros de otra... qué importa lo que piensen o vean si la vida de uno es eso...de uno.
Hablan de que se aprende de los errores, pero casi nunca es cierto. El corazón va por libre por más que la mente guarde recuerdos, así que lo mejor es retirarse un poco y tirar de la puerta. Ver cómo es nuestra propia realidad en el entorno que hay al otro lado y avanzar...sin miedo.