LUGARES PARA SOÑAR

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cerrar lo ojos y sentir

domingo, 28 de octubre de 2012

La justicia de las leyes injustas

Los desahucios van en aumento, las consecuencias de la crisis que nos envuelve desde hace unos años, arrastra por el tobogán de la angustia y la desesperación a casi 500 personas cada día. Gentes que confiaron en la palabra interesada de banqueros sin escrúpulos que les vendieron la posibilidad de comprar el mundo con papel mojado. Las Leyes, como casi siempre, están del lado de ellos, de los que se benefician de la bajada de pantalones de los políticos; a quienes tienen atrapados por créditos infames. La banca, en connivencia con todas las administraciones públicas permitió que este país viviese muy por encima de sus posibilidades. Sabían, porque eran conocedores de ello, que jamás se pillarían las manos, todo lo más algún que otro escándalo para acallar a la opinión pública. Al final seríamos nosotros, todos nosotros, quienes tendríamos que arreglar su desaguisado. La Ley de desahucios es de 1909, y seguimos infligiendo un castigo atroz a quienes son víctimas, arrastrándolos de sus casas porque un día se dejaron llevar por la mano en la espalda de quienes ahora los empujan al cadalso financiero. Parece difícil entender como una sociedad del siglo XXI se somete a leyes que fueron aprobadas a comienzos del XX. En este caso no se puede echar la culpa a la justicia, que se ve atada de pies y manos por una ley inflexible que ha de aplicar bajo la presión de fiscales y abogados. El problema es del legislador, del Gobierno. Un Gobierno que puede hacer mucho por derogar o modificar dicha ley y hacer mucho más humano un proceso ya proceloso en las formas. La posibilidad de entregar nuestra vivienda hipotecada y cancelar así la deuda no se fija en el Congreso porque los partidos políticos adeudan demasiado dinero a la banca; y esta no tiene reparo alguno en apretar el nudo para que el legislador vaya por otros derroteros. La aplicación de injusta de las leyes se produce cuando el perjuicio que se causa a quien ha cometido una falta o delito, va más allá de la reposición de un bien económico. El daño moral y psicológico que resulta de la aplicación estricta de dicha ley hace que el Estado se haga también cargo de los gastos sanitarios que resultan de las crisis de ansiedad, nervios, etc. Así, los únicos que se van de rositas son aquellos que iniciaron el proceso, los bancos. En los próximos meses los medios de comunicación se irán haciendo eco de los diferentes casos de desahucio, de los suicidios que resulten de este problema y demás. Pero no creo que ningún medio de comunicación permanezca estoico defendiendo al ciudadano de los desmanes de los bancos. El poder económico y financiero, ese que coloca a los políticos donde les gusta, se encargará con maniobras soterradas o públicas de sembrar la opinión publicada de falacias sobre la libertad del cliente para solicitar uno u otro crédito. La inducción a comprar pisos todavía no es delito. ¿Cómo se combate esto? ¿cómo se puede modificar? Desde luego con presión social, elevando al congreso el número suficiente de firmas como para hacer comprender a los políticos que ellos también pueden ser víctimas, incluso de sí mismas. No se trata sólo de protestar delante de cada casa desahuciada, sino de postularse claramente del lado de la acera que es necesario. La pena es que este es un país donde las protestas sociales se llevan a otros campos ideológicos que terminan por hacer perder el interés de buena parte de la ciudadanía por más que se jueguen mucho en ello.

sábado, 27 de octubre de 2012

¿Hacia dónde caminar?

El mundo de hoy está lleno de incertidumbres, quizá siempre lo ha estado, y no es sencillo pararse en un cruce de caminos y decidir cuál tomar. La situación socio-económica está arrastrando a muchas personas a una situación de total desamparo. Cada día crece el desarraigo de las nuevas generaciones para con un país que no sabe cómo va a acogerlos en el inmediato presente. El pensamiento político, soterrado durante largos años, no termina de despegar. Las ideologías públicas no se corresponden con las privadas. Los que protestan y pueden cambiar las cosas luego no votan o, simplemente, mantienen una pose. El dejar hacer nos está llevando a una situación desesperada. Esto no es nuevo, parece algo atávico en el intrincado pensamiento patrio. Aguantamos a políticos corruptos, soportamos las leyes que nos imponen para salvaguardar los intereses de los propios legisladores, avanzamos como podemos por un laberinto angosto donde el cenagal económico amenaza con tragarnos a todos. Al final, como hemos hecho siempre y es tradición aquí, reventaremos y se armará la de Dios es Cristo. Para alguien que se plantee su futuro aquí no es fácil decidir el camino a tomar; optar por la emigración parece hoy día una opción más que plausible. Quienes se decanten por continuar formándose pueden terminar en el pozo de las mentiras, ese que se ha ido llenando de falsas promesas de futuro para quienes hacían de la formación un pilar básico. La formación, siendo necesaria quizá habría que replanteársela en los términos que ahora mismo están en boga. De qué sirve tener dos carreras y un máster si el empresario de turno sólo te va a contratar de becario para después despedirte... Creo en mi país, en la capacidad de sus gentes para salir de esta situación. Sin embargo percibo que nos hemos acostumbrado mal. En los últimos 25 años nos hemos acomodado, nos creímos en la cima de un mundo que se tornó irreal; ahora nos cuesta reconocer que no sólo nos equivocamos al elegir al político equivocado, sino que seguimos permitiendo cualquier desmán si con ello nos podemos beneficiar. La ampliación constante de la Unión Europea, en mi opinión, contribuye de forma exponencial a la deriva constante de economías que se ven infladas con subvenciones para no producir, con el riesgo latente del abuso... Por un lado nos dan para que durante estos años reformásemos nuestra economía y por otro lado ahora pretenden que renunciemos al jamón en favor del pan duro. En los próximos meses, incluso años, el mercado laboral dejará en la calle a una generación entera. Una multitud de personas que frisan hoy los cincuenta años se darán de bruces con una nueva realidad. Una verdad manifiesta que sustituye a personas cualificadas y con experiencia, pero caros, por imberbes jóvenes con mucha formación y nula experiencia. ¿hacia dónde van a caminar estos parados? No se sabe, aunque para muchos su futuro quizá se encuentre en la consulta de algún psiquiatra. Un viejo refrán dice que: “El que quiera truchas, se debe de mojar los pies” y eso es lo que tendremos que hacer. Queremos caminar, no sabemos hacia donde pero debemos iniciar camino...

Tu olor, tu sabor, tu recuerdo

Muchas veces me quedo absorto en mis pensamientos, imaginándote, sintiéndote interiormente. No puedo ni quiero evitarlo. Para mí son momentos en los que me siento afortunado por haberte descubierto. Lo mejor que puedo decir de ti es que me haces sentir mejor, lo peor...no lo recuerdo o tal vez no exista nada malo. Amanezco algunas mañanas con la sensación de tener en mis labios todavía el sabor de tu piel. Una piel a veces dulce a veces salada. Dependiendo de tu estado de ánimo, de tu situación afectiva, de tu excitación interna...los sabores fluctúan. Se mezclan con tu olor. Un aroma embriagador que me transporta siempre a las emociones sentidas, a las vividas, a las que quedan por descubrir. Dicen que el recuerdo de las personas que has amado lo mantienes toda la vida, confío en no perder jamás las esencias que puedas haber dejado en mi. Algún día, cuando sea más mayor, rememoraré los momentos vividos y los haré presentes a cada instante que pueda. La felicidad, ese efímero estado que de cuando en cuando uno puede lograr alcanzar, sin duda la alcancé muchas veces a tu lado. Tan sólo por ello ya merece la pena haberte conocido.

viernes, 26 de octubre de 2012

OTRAS PARTES

Un viejo dicho dice que segundas partes nunca fueron buenas; supongo que el primero que pronunció tal frase fue alguien que no disfrutó la segunda o tercera oportunidad que tuvo de volver a repetir una experiencia pasada. Hoy día se emplea mucho para meter el dedo en la llaga de aquellas personas que intentan otra vez terminar aquello que en su día iniciaron y dejaron. Uno debería plantearse si la vida debe de vivirla del tirón o debe detenerse y repetir aquellas experiencias que en su día dejaron atrás. Si es cierto que el ser humano aprende con el paso de los años, lo lógico sería que pudiésemos repetir aquello que nos salió un día mal y corregir aquellos errores que se cometieron. Un deportista puede no triunfar en un determinado equipo porque las circunstancias de ese momento en lo permiten, luego, a la vuelta de unos años regresa y triunfa. Si lo hace es porque aprendió de los errores para poder enmendarlos. Las rupturas y los desalientos que se producen cuando rompemos una relación interpersonal suponen, casi siempre, una negación del pasado y una cerrazón ante la posibilidad de revivir de nuevo todo. En esos instantes no nos detenemos a pensar que más adelante, cuando la vida y el tiempo hace más pequeños los inconvenientes pasados, podemos ver las cosas con otra perspectiva y ser capaces de retomar el camino para no salirnos del sendero. El protagonista de la película “El exótico hotel Marigold” tiene como frase de cabecera aquello de que: “Al final todo sale bien, y si no ha salido bien, es por que no es todavía el final”. Filosofía simple y audaz que da cabida a cualquier rectificación sobre los actos previamente cometidos. O sobre cualquier hecho que ocurra en un momento dado. Una persona que tiene vicios tiene siempre la oportunidad de desandar el camino hecho y volver a una senda menos lesiva para sus intereses; quien roba puede dejar de hacerlo; quien consume drogas puede dejar de hacerlo; quien ama puede dejar de hacerlo; quien odia, debería dejar de hacerlo.... A lo largo de nuestra existencia siempre podremos encontrar ese hito en nuestro camino que nos ayude a situarnos en la carretera adecuada, aquella que nos haga mejores personas. Cabría preguntarse si tropezar dos veces con la misma piedra no es sino otra forma de saber que somos ciertamente impredecibles. Que podemos cambiar de opinión e incluso de idea de forma fácil, rápida, eficaz.. Así pues no hay otra parte u otra oportunidad; hay tantas como estemos dispuestos a conocer.

martes, 16 de octubre de 2012

PERDIDO ENTRE LA MULTITUD

En algunas ocasiones transitando por las calles de la vida me he sentido perdido entre la multitud de personas que camina en una misma dirección sin preguntarse siquiera por qué. Dan por hecho que van en la dirección adecuada sin saber por qué lo hacen, ni saber hacia dónde van. En otras ocasiones he sido uno más de esos caminantes anónimos que siguen la estela del inmediatamente anterior como un animal en la manada. Perderse entre la multitud es, relativamente, fácil. Sobre todo porque lo más difícil quizá sea nadar contra corriente. Pensar de otro modo supone un ejercicio doble; por un lado implica una reflexión sobre el pensamiento común poniéndolo en solfa y por otro lleva implícito el hecho de tener que explicar, más pronto que tarde, por qué pensamos de otro modo. Ahora mismo, en un momento difícil socialmente hablando, son muchos los que se encuentra perdidos en medio de la multitud que se balancea de una lado a otro en función de la protesta del día. La gran mayoría se mueve en una dirección u otra por la sencilla razón de que el de al lado también lo hace. Si les preguntas por qué se manifiestan lo que hacen es repetir de forma sistemática las consignas que otros idearon y por las que la mayoría allí presente se situó detrás. Uno debería ser capaz de aislar su existencia en medio de las demás para ver si, efectivamente, somos parte de aquello en lo que nos estamos viendo inmersos o si, al contrario, no pintamos nada allí. Apoyar una idea, adherirse a una propuesta debe llevar implícito un conocimiento amplio de nuestra realidad. Por ese motivo me he sentido sólo en medio de la multitud. El ser humano, siendo como es grupal, se siente cómodo caminando rodeado de gentes similares. La percepción de uno mismo como parte de un todo nos da seguridad; por ello, cuando nos sentimos solos rodeados de tanta gente, la sensación de vacío puede llevarnos a la depresión, a la angustia, a la necesidad de refugiarnos en un mundo interior qué dependiendo de cuan amueblado esté, nos permitirá un refugio cómodo y seguro o nos acercará a un abismo del que nos puede costar salir.

EL SONIDO DE LOS LATIDOS DEL CORAZÓN

¿Cómo es el sonido de los latidos del corazón? ¿Qué música es capaz de mecer la máquina que nos da la vida? Todos tenemos más o menos claro cómo describir ese sonido. En algún momento de nuestra vida hemos acercado nuestra oreja al pecho de alguien para escuchar cómo suena. Mas ese no es el sonido al que me refiero en este instante, sino al sonido que se produce cuando las emociones de la vida alteran su normal ritmo. Cuando realizamos un ejercicio físico nuestro corazón se acelera, eso para todos nosotros es obvio; sin embargo no es menos la aceleración que se produce cuando nos encontramos ante esa persona que nos ha robado el aliento. En esos momentos los latidos los percibimos con una brutal fuerza. Si hiciésemos una encuesta para que todos describiésemos cómo se acelera nuestro corazón con las emociones todos lo describiríamos de un modo similar. Pero si tuviésemos que describir su sonido... ahí cada uno tendría sus dificultades para describirlo. Hay corazones románticos que suenan siempre como una canción de Perales, con un ritmo tranquilo; hay corazones rockeros que se saltan del pecho en los solos de batería que provocan las emociones repentinas; los hay cuya partitura apenas se ha podido escribir porque su dureza hace que apenas vibre con la vida. Cuando uno siente algo fuerte por alguien y ese sentimiento es recíproco se logra, en el encuentro físico, una suerte de conjunto armónico en el que el acompasamiento de los latidos puede llegar a crear una melodía maravillosa que tendemos a querer repetir hasta los límites de lo razonable. Puede pasar, y muchas veces pasa, que nuestros latidos parecen detenerse, parecen cesar; normalmente cuando las noticias que nos llegan no son buenas. En estos momentos va a ser la capacidad de asimilación de cada uno la que logre que esa melodía vuelva a sonar o que, por el contrario, sea un disco rayado por un tiempo indeterminado. Me gusta pensar que mi corazón se mueve como una melodía de blues, tal vez la música que más emociones me transmite.

SENTADO EN EL MALECÓN

Siempre me ha gustado estar en la naturaleza, en la cumbre de una montaña desde donde poder divisar infinitas vistas y perder la noción del tiempo extasiado por la magnitud de las proporciones que desde allí se divisan. En medio de una cordillera uno se siente pequeño, a penas un punto insignificante en medio de todo el conglomerado de vida que se percibe en cualquier dirección. Es, sin embargo, en el malecón de una ciudad portuaria cualquiera donde realmente se es consciente de que nuestro mundo, aquel en el cual desarrollamos nuestra vida, apenas alcanza un instante. Sentado frente al mar, en una tarde cualquiera uno puede reflexionar sobre los mundos que se encuentran más allá. Percibir la brisa del mar en nuestra piel es una manera de comenzar a descubrir qué hay allí. Seguramente serán los marineros, los pescadores, quienes se aventuren mar a dentro los que deben de sentir unas sensaciones especiales cada vez que se alejan del malecón y otras muy diferentes cuando se acercan. Para quien es marinero tierra adentro la soledad del mar es, quizá, un lugar en el que le costaría sobrevivir. Prefiero sentarme en la baranda del malecón y escuchar el sonido de las olas al romper. Quedarme con la mirada fija en una espuma blanca que crepita como un fuego invisible y húmedo que tal vez Neptuno utilice como gancho para atraer a futuros moradores de las profundidades marinas. Seguramente en mi retina se ha fijado ese malecón de la Habana tantas veces protagonista de escenas cinematográficas. Lugar mitificado de una decadente ciudad, capital de un todavía más decadente país. No obstante en él se agolpan muchos habaneros que perfilan sus sueños mientras unas buscan clientes, otros cantan canciones de historias reales que disimulan una realidad demasiado cruda para ser contada... El mundo ribereño está lleno de malecones donde los sueños se topan con la realidad; esa costa africana en la que un universo multicolor de frágiles barcos, que en occidente no obtendrían permiso para siquiera flotar, llena las costas de sueños con una vida mejor en otras latitudes. Es el el malecón de mi vida en el que me sitúo de cuando en cuando para poder otear qué hay ahí delante, qué se me ofrece en esta vida que me ha tocado vivir.